Author: Estrella Efreno
Mi madre era extraordinariamente hermosa, aunque eso fuera su único atributo, según decía mi padre.
Querido diario, Papá, ¿te importaría que nos quedáramos contigo unos meses? preguntó, con timidez, mi
Papá, no vuelvas más a nuestra casa. Cada vez que te vas, mamá empieza a llorar sin parar, y llora hasta
Querido diario, Hoy el taller me volvió a mirar de reojo, como si mi presencia fuera un mal augurio.
Begoña Sánchez, una abuela de ochenta y cuatro años, se quedó sentada en la parada del autobús frente
Almudena, no te apresures, piénsalo de nuevo le repetía su tía Luisa. ¿Y si no puedes? Mira cuántos niños
Mamá, ya vuelvo. Unos veinte minutos, no más Iker García estaba en la puerta del pabellón, intentando
Cuando Verónica volvió al pueblico de SanMartín, nadie la reconoció de inmediato. Treinta años habían pasado.
«No se puede dejar de amar a los hijos», se repetía María mientras se deslizaba por el sendero cubierto de nieve.
Llegó a sus setenta años, con tres hijos a cuestas. Su mujer, María, falleció hace treinta, y él jamás









