Di a luz al hijo de la amante de mi pareja

Mauricio se precipitó hacia mí.
Nunca lo preví, menos así.
Avanzaba urgente, con esa fogosidad jamás vista en su mirada.
Y al sentir sus manos, percibí el ardor, más calientes que todo mi cuerpo helado por el terror.
Rozaron mi rostro primero, cual dudando de mi existencia… luego bajaron por mis brazos, y entonces… me estrechó.
Me abrazó como si intentara soldar los fragmentos de mi alma quebrada.
Extremadamente insólito.

Mauricio y yo colaborábamos años, compartiendo oficinas, pasillos, mutismo.
Jamás íntimos. Jamás así.
Lo nuestro fue siempre formal… casi frío.
Mas aquel abrazo me envolvía como cómplices de vidas enteras ocultas.
Hubo un tiempo —lo rememoro— en que lo contemplaba con ese embeleso ingenuo, esa quieta admiración que despierta el triunfador, el jefe dueño del mundo.
Pero él jamás me miró.
Y después llegó Julián Mendoza… ese hombre al que di mi todo ignorando que con él perdería el todo.

—¿Cómo… ¿Cómo puede ser? —su voz quebró—. ¡Declararon tu muerte!
Mi corazón golpeó como un martillo.

El presente me sacudió.
Para todos, yo era cadáver.
Un cuerpo sin reclamar. Un nombre tachado del registro.
Sentí vértigo atroz, cual si el suelo se licuara.

—¡No he muerto! —jadeé—. ¡Pretenden asesinarme! ¡Auxilio, sálvame…!
Sus ojos escrutaron los míos, vacilantes. Como dudando entre locura o trauma.
Apenas sostenía mis piernas. Las rodillas flaquearon. Y súbito, el suelo besó mi frente. Oscuridad total.

***

Desperté oyendo un jilguero.
Trinaba sin pausa, y un instante… un instante absurdo, pensé que fue pesadilla.
La habitación olía a lejía. Ventana cerrada, mas el canto penetraba, pertinaz.
Miré al costado. Vestía un camisón ajeno.
Me sentí expuesta. Ruborizada.
Temblores bajos. Todo el cuerpo dolía. La garganta quemaba.
Hacía poco mi vientre parió.

Vi a Mauricio. Conversaba con un hombre de bata blanca, acaso doctor.
Junto a él, una enfermera me sonreía con cordialidad medida.
Luego, notaron que despertaba. El médico murmuró algo incomprensible y partió.
Mauricio entregó una tarjeta a la enfermera.

—Por favor, traiga los remedios. Todos.
Después me miró. Y advertí en su rostro la misma perplejidad que yo sentía.

—¿Qué… sucedió?
Sus ojos se afilaron levemente. Se aproximó. Tomó asiento junto a mí.

—Eso anhelo saber, Aurelia. ¿Qué te sucedió? ¿Qué haces aquí? ¿Por qué… por qué el mundo te da por difunta?
Me incorporé de golpe. Los labios temblorosos.

—¡No se lo digas! ¡Te suplico, no le reveles que respiro!

—¿A quién? —exclamó él.
Me agarró la mano. Fue cuando sentí todo mi ser convulso. Las lágrimas cayeron sin freno.
Me acarició el rostro. Enjugó mis mejillas con suavidad. Jamás habíamos estado tan cercanos.

—Julián… —susurré—. No le digas que aliento. Te lo imploro.

Él frunció el ceño. Su expresión era un enigma pintado.

—Aurelia… oficialmente estás muerta. Celebramos tu funeral. Y… el niño…

—¡No es mío! —exploté. Mauricio quedó de piedra. Su silencio me cercenó el alma.
Me observó como si creyera haber perdido la cordura.
Y quizá sí… quizá ya poco quedaba cuerdo en mí.

Lloré.
Reí.
Me contemplé desde afuera: mujer desgreñada, vestido prestado, clamando su propia muerte y rechazando al hijo parido. Debí parecer demente.

Mas entonces lo recordé.
La prueba.
Giré frenética. Busqué en la mesilla. Y allí estaba.
El maldito pendrive.
Lo aferré con furia.

—¡Óyeme! ¡No estoy trastornada! ¡No miento! —mi voz se trizó—. Julián quiso asesinarme. Me utilizaron. Ese bebé… ¡Ese bebé no es de mi sangre! Fui un instrumento. Un objeto. Me usaron, me dominaron, todo por la fortuna…

Las palabras se amontonaban, obstruyendo mi garganta.

—¡Por favor, Mauricio! ¡Auxíliame! ¡Protégeme! ¡Confía en mí! ¡Solo te tengo a ti!

Él me observó silente por segundos eternos.

Y entonces… me estrechó de nuevo.

Me aferré a su pecho. Me sentí tan despedazada, tan abandonada, tan hueca… Repetía en mi mente que nadie me quedaba, que yo misma era un vacío.

Mas percibí su voz.

—Me tienes aquí —declaró, firme, apretándome con fuerza—. Yo te creo. Y te salvaré, Aurelia. Costare lo que costare.

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