—¡No me digas lo que tengo que hacer! —gritaba Lucía, lanzando sus cosas dentro de la maleta. —¡Estoy harta! ¡Todo son órdenes y prohibiciones!
—Lucía, cálmate, por favor —intentó retenerla Elena, agarrándola del brazo—. HLucía bajó la mirada, las lágrimas resbalando por sus mejillas, y murmuró: “Mamá, solo quiero que me escuches”.






