La historia de la abuela desde la residencia de ancianos
Ay, mis niños, acercaos y os contaré una historia que no me deja en paz. Aquí estoy, en la residencia, tejiendo calcetines, mientras mis pensamientos vuelven a aquellos días en los que mi vecina, Antonia García, me hablaba de su hijo Víctor y de los problemas que él mismo se buscó. A mí, pobre vieja, mi familia me trajo aquí diciendo que sería mejor para mi tranquilidad, pero solo repaso recuerdos, como si fueran cartas viejas. Y esta historia trata de cómo el amor ciega, y la verdad, fría como el agua, acaba poniendo todo en su sitio.
Antonia tenía un hijo, Víctor, un chico de oro. Trabajador como una hormiga, hábil con las manos y de corazón tierno como pan recién hecho. Siempre ayudaba a su madre, ya fuera cortando leña o arreglando los estantes. Pero un día llegó a casa con una chica, Lucía. ¡Vaya belleza! Pestañas como abanicos, uñas más largas que mis agujas de tejer, labios pintados como en las películas. Pero los ojos fríos, como los de un pez en la pescadería. Antonia me susurró:
—María José, esto va a acabar mal. Esta muñeca solo piensa en divertirse, y su cabeza está más vacía que una olla después de comer.
Y no se equivocó. El primer día, Lucía dejó un plato sucio en el fregadero, y cuando Antonia le dijo algo, respondió:
—No quiero ensuciarme las manos.
La suegra, tranquila pero firme, le contestó:
—Yo no voy a lavar por ti. En esta casa cada uno limpia lo suyo.
Lucía refunfuñó, enjuagó el plato, pero seguía grasiento como una sartén después de freír chuletas. Antonia puso los ojos en blanco pero no dijo nada. Por la noche, le preguntó a Víctor:
—Hijo, ¿no pensarás casarte con ella?
Él, iluso, con los ojos brillando, respondió:
—¡La amo, mamá! ¡Me casaré con ella!
Como dice el refrán, el amor es ciego, y Víctor estaba cegado por su belleza. Dos meses después, se celebró la boda. Antonia presentía el desastre, pero ¿qué podía hacer? Les dio las llaves del piso de la abuela para que vivieran solos. Pensó que quizá Lucía cambiaría al tener su propio







