Accidente… los dueños fallecieron… su hijo fue llevado a un orfanato y el gato terminó en un refugio. Llora sin parar, desconsolado…

¡Ay, qué historia tan triste pero al final tan bonita! Te la cuento como si estuviéramos tomando un café en la plaza del pueblo, ¿vale?
Un accidente los dueños del gato ya no estaban a la niña la llevaron a un orfanato, y el gato acabó en una protectora. El pobre no paraba de llorar, no podía calmarse.
Los otros gatos a veces lo molestaban, pero él aguantaba en silencio. Nunca respondía con agresiónsolo apartaba la mirada y se quedaba quieto en un rincón de la jaula, como si no viera a nadie a su alrededor.
Lola, una de las voluntarias de la protectora, miraba con tristeza al gato blanco como la nieve, acurrucado contra los barrotes de la jaula. Llevaba tres meses allí, y en todo ese tiempo, no había mostrado interés por nada. Ni siquiera respondía al nombre que le habían dado en la protectoraMoisés.
Lo llevamos al veterinariotodo bien con su saluddijo en voz baja otra voluntaria a Lola. Pero así, nadie va a querer adoptarlo.
¿Qué te pasa, pequeño?preguntó Lola, abriendo con cuidado la jaula y tomándolo en brazos. ¿Echas de menos tu casa, verdad?
Al menos come poco a pocosuspiró la chica.
¿Quién lo trajo?
Una trabajadora social. Los dueños tuvieron un accidente, los dos murieron. A la niña la llevaron al orfanato, y a él lo dejaron aquí. Una historia muy dura
¿La niña está en un orfanato?preguntó Lola. ¿No tenía familia?
Si hubiera tenido, no estarían los dos en centros diferentesrespondió la voluntaria antes de irse a sus quehaceres.
Tu dueñita está en el orfanato quizás solo ella pueda devolverte la alegríasusurró Lola, dejando a Moisés de nuevo en la jaula. Él no reaccionó. Ni a las caricias, ni a la voz.
Lola no podía soportar esa tristeza en sus ojos. Decidió encontrarle un hogar. El pueblo no era grandealguien lo recordaría.
Pasaron varios días preguntando y recopilando información. Cuando al fin tuvo la dirección, le puso un arnés a Moisés y se dirigió al lugar donde él había vivido.
El patio estaba vacío. Un bloque de pisos normal, de esos de cinco plantas. Lola tomó al gato en brazos y se acercó al portal. Marcó el número en el telefonillo.
¿Quién es?preguntó una voz anciana.
¡Buenos días! Soy Lola, voluntaria de la protectora. Tengo aquí a Moisés, el gato que vivía en la casa de la niña. ¿Podemos hablar?
¡Claro, claro! Subarespondió la mujer con alegría.
En el segundo piso, Lola dejó a Moisés en el suelo. Al instante, el gato se animó, se acercó a la puerta y maulló suavemente. En ese momento, salió una señora mayor de la casa de al lado, envuelta en un pañuelo.
¡Moisés!exclamó, agachándose para acariciarlo. Al reconocerla, el gato ronroneó y se frotó contra sus piernas.
Parece que ha revividosusurró Lola, sin creerlo.
¿Lola? Yo soy Reginadijo la mujer, abrazando al gato. Pase, tomaremos un café.
Mientras estaban en la cocina, Lola preguntó:
Cuénteme de Moisés. No come, no reacciona a nada hasta ahora no lo había oído maullar.
Moisés era parte de la familiacomenzó Regina. Sus dueños, Antonio y Sofía, lo recogieron cuando era un gatito ciego. Lo criaron con amor. Cuando nació su hija Lucía, se convirtió en su mejor amigo. Dormía con ella, nunca la dejaba sola. Sofía incluso bromeaba diciendo que su hija le había robado el gato. Él le pertenecía por completo.
La anciana se secó una lágrima.
Lucía venía a verme a menudo. Y Moisés también. No me extraña que me recuerde. ¿Puede quedarse conmigo? Me dijeron que se lo llevaron cuando yo no estaba en casa
Claro, si aquí es feliz, es lo mejorasintió Lola. ¿Y Lucía?
En el orfanato. Quise visitarla, pero no me dejaronno soy familia. Antonio no tenía parientes cercanos. Solo un primo lejano, Miguel, que vivía en el extranjero. Venía en verano
¿Tiene algún contacto?
Solo el nombre de la tía de su difunta esposa. Vive en la ciudad de al lado. Quizás ella pueda ayudar.
Regina le dio a Lola un trozo de papel. Ella lo guardó y, tras despedirse, fue a ver a su padreun policía.
Pasó un mes. Lola llamaba casi a diario a Regina. Moisés estaba cada vez más animado, sobre todo después de que le llevaron una perra juguetona de la protectora.
Gracias a su padre, consiguió encontrar a la mujer que conocía a Miguel. Ayer le dio su número.
Hoy, conteniendo la respiración, Lola lo llamó. Nueve tonos.
¿Diga?respondió una voz masculina.
Buenos días, soy Lola, voluntaria de la protectora donde está Moisés
¿Moisés? ¿Cómo terminó ahí?
Sus dueños murieron. Un accidente. Hace cuatro meses
Dios míosu voz tembló. ¿Y Lucía?
En el orfanato. Pero está bien.
¡¿Por qué nadie me avisó?! No debería estar ahí. ¡Tiene familia!
Quizás los servicios sociales no sabían de usted. Pero yo quería ayudar
Gracias, Lola. ¿Cómo está Moisés?
Ahora vive con Regina. Ella me contó muchas cosas
Moisés verá a Lucía. Todo se arreglará.
Diez meses después de aquella primera llamada, Lola estaba en la sala del orfanato con Moisés en brazos. Miguel prometió venir hoy a buscar a Lucía.
Sabía que después, sus caminos podrían separarse. Sus pensamientos se interrumpieron cuando se abrió la puerta. Entró Miguel.
Hola, Lolasonrió, tomando a Moisés. Viejo amigo, no has cambiado nada.
Me alegro de verledijo Lola, intentando ocultar su emoción.
En la oficina del director, Miguel se negó rotundamente a dejar al gato:
Ha esperado este momento. Tiene que estar aquí.
¡Es contra las normas!protestó el director. A la niña le da igual.
¿Por qué?dijo Lola con firmeza.
Desde que Lucía está aquí, casi no habla con nadie. Ni amigos, ni sonrisas La psicóloga dice que
La puerta se abrió, y una cuidadora entró con una niña delgada de unos siete años. Su rostro pálido, su mirada vacíaigual que la de Moisés en la jaula.
Lola sintió un dolor en el pechoera injusto ver a una niña arrancada de su mundo, de su amor, de su hogar.
Lucía, cariñollamó Miguel, arrodillándose. Soy tío Miguel. ¿Te acuerdas? Mira quién vino con nosotros
Sostenía a Moisés. El gato blanco, al oír la voz de la niña, se agitó, queriendo escapar. Miguel lo dejó en el suelo. Moisés corrió hacia la niña, maullando y mirándola fijamente.
La mirada vacía de Lucía se llenó de vida. Cuando el gato se abrazó a sus piernas y ronroneó, la niña soltó a la cuidadora y se arrodilló, abrazando a su amigo

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Accidente… los dueños fallecieron… su hijo fue llevado a un orfanato y el gato terminó en un refugio. Llora sin parar, desconsolado…
No visito a nadie, no invito a nadie, no comparto mi cosecha ni mis herramientas; en mi pueblo, me creen loco.