No se puede blanquear a un semental negro como la noche…

**NO SE PUEDE LAVAR AL PERRO NEGRO HASTA VOLVERLO BLANCO…**

Sofía, está bien, te ayudaré en todo. Pero quiero advertirte: vas a sufrir con ese sinvergüenza. ¿Acaso no ves con quién quieres atar tu vida? ¡Un vividor y un borracho! mi hermano elevó la voz, pero no logró hacerme entrar en razón.

Fue la vida la que me abrió los ojos…

…Adrián llegó a nuestra empresa gracias a mi hermana Ana. Sabía que entre ellos hubo un romance, pero con el tiempo todo se enfrió, y Ana, para no herir los sentimientos de su ex, lo contrató como repartidor en nuestro negocio familiar. Vendemos muebles con éxito, con varias tiendas en la ciudad. Mi hermano Víctor, fundador de la empresa, nunca lo soportó desde el principio. Adrián notó su rechazo y evitaba cruzarse con él.

Este muchacho quiere vivir por encima de sus posibilidades. Ana, recuerdo cómo me rogaste que pagara sus deudas. Decías que te daba pena, que lo intentaba, pero nada le salía bien… Pero yo veo que tu galán solo piensa en mujeres y restaurantes. ¡Desprecio a hombres así! Solo buscan acomodarse en el cuello de una mujer y vivir a costa de ella Víctor, como hermano mayor, tenía todo el derecho de sermonear a Ana.

Ella asentía en silencio… pero no lo despidió.

Adrián era excepcionalmente guapo. Carismático, con un cuerpo atlético y ese don para conquistar corazones femeninos. Y sin darme cuenta, me enamoré. ¡Y vaya cómo lo hice! Soñaba con una boda de ensueño, un vestido de alta costura, zapatos con diamantes de Tiffany. En fin, los ponis rosados galopaban en mi mente.

Mi hermano, al ver mi locura, no intentó detenerme. Solo dijo: Despierta, tonta. Pero aun así, organizó una boda espectacular. Víctor alquiló el salón más lujoso, un limusina, y hubo cientos de invitados.

Fue una fiesta para recordar. Era la menor de la familia, y mi hermano me consentía en todo.

Mi felicidad no tenía límites. ¡Conseguir a un hombre así sin ser una belleza! ¿Te imaginas? Ana, sin embargo, me advirtió:

Sofía, ten cuidado con Adrián. Si no, acabarás sufriendo, hermana. Este hombre sabe fingir ser un santo, pero en realidad es un globo hinchado.

En ese momento, nada me habría detenido. Ni un muro de hormigón armado habría podido frenarme.

…Víctor nos regaló un piso como regalo de boda. Poco después, Adrián me pidió un coche, “preferiblemente extranjero”. Yo, perdida en mi amor, lo vestí con las mejores marcas, le compré el coche, amueblé el piso con lo último en diseño y tecnología. Nuestro negocio nos permitía vivir a lo grande.

Pero Adrián no lo valoró. Se aprovechó de mi amor, me pisoteó, se rio de mí. Pero eso vendría después. Por entonces, yo aún lo amaba ciegamente.

…En tres años de matrimonio, Adrián nunca mencionó tener hijos. Víctor, como siempre, no pudo callarse:

Sofía, tu marido no quiere una familia. No le interesas tú ni los niños. Solo quiere dinero y libertad. Le encanta la vida con “emoción”. Un egoísta narcisista, eso es lo que tienes por marido. ¿Cuándo despertarás, cariño? ¿Por qué te arrastras ante un don nadie…?

Pero yo solo veía a Adrián. Él era mi flor fragante, y yo la abeja incansable revoloteando a su alrededor.

…Le pedí a Víctor que ascendiera a Adrián.

¿Podría encargarse de una tienda? Que la gestione, que aprenda del negocio. Quiero que sea mi socio.

Solo por ti, Sofía. Pero sé que esto terminará mal. Tu marido arruinará la tienda Víctor, una vez más, cedió a regañadientes.

Como vendedor, Adrián la hundió en poco tiempo. Me culpó a mí: No mandaste suficiente stock, los clientes son maleducados, la ubicación es mala…

Está bien, cariño, quizá tengas razón. No trabajes más. Víctor pondrá a otro. Tú ocúpate de la casa que estamos construyendo cedí en todo con tal de tenerlo cerca, de que no me dejara por una chica más guapa…

En la casa, Adrián montó un antro. Invitaba a mujeres de dudosa reputación, drogadictos, gente turbia. Los vecinos me lo contaron. Fue una pesadilla. Aún intentaba salvarlo, pero él seguía cayendo.

Lo traje de vuelta al piso, lo encerré y contraté a una cuidadora. Ella lo sacaba de sus borracheras, le ponía sueros, lo alimentaba. Yo trabajaba sin descanso. Víctor, viendo mi tormento, sonreía con ironía, pero callaba. Sabía que ya sufría bastante.

Al final, la “enfermera” quedó embarazada de Adrián. Lo supe tres meses después, cuando me pidió dinero para un aborto.

Es muy tarde. Tendrás al bebé sentí lástima por ella. También cayó en la trampa de su apariencia.

Tuve que dejarlo. No había sentido en seguir. Le dejé el piso que nos regalaron. Ahora tendría una nueva familia. Quería que fuera feliz, aunque no conmigo.

…Llegó la amarga lucidez. La casa quedó a medias, el coche lo malvendió para pagar sus vicios, y sus deudas las saldé yo.

La chica tuvo un hijo, pero crece sin padre.

Me costó recuperarme. Todavía lo amaba. Víctor me consolaba, acariciándome la cabeza como a una niña:

Sofía, ¿no conoces los refranes? “Por mucho que alimentes al lobo, siempre mirará al bosque”, “la cabra siempre tira al monte”, “no se puede lavar al perro negro hasta volverlo blanco”. Olvida a ese miserable. La vida le dio una oportunidad, y la desperdició. Todo mejorará, ya verás. Me alegra que no te hayas corrompido. Sigues pura, como dicen: “la leche, hasta en la oscuridad, se ve blanca”…

…El tiempo cura. La tienda que Adrián arruinó se recuperó con un nuevo gerente. Abrimos tres más en otras ciudades.

Adrián se hundió en el alcohol y murió a los treinta y tres. Lo encontraron en una zanja. Un alma perdida busca siempre el abismo más profundo…

…Ese capítulo oscuro de mi vida quedó atrás. Empecé de cero, aunque la herida tardó en sanar.

Ahora tengo tres hijos y un marido maravilloso…

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