Pues ya verás cómo te las apañas

Hoy he decidido escribir sobre lo que pasó con mi hija, Irene. Todo comenzó cuando ella me pidió que viviera conmigo junto a su marido.

No, Irene, no cuentes conmigo. Te has casado, así quédate con tu marido, no conmigo. No quiero a un extraño en mi casa dije sin rodeos.

Noté cómo tragó saliva al otro lado del teléfono, apretando el auricular con fuerza. Un nudo se le debió formar en la garganta. No esperaba una negativa tan fría.

Mamá… No es un extraño. Es mi esposo, tu yerno. No te pedimos que nos compres un piso, solo que nos dejes estar un tiempo mientras ahorramos para la entrada.

Solté una risa corta, casi burlona.

Ya sé cómo son estas cosas. Si os dejo entrar, después no os iréis. Primero será la entrada, luego la reforma, y así sin parar. No quiero problemas. No, Irene, no te enfades, pero tu padre y yo lo hicimos todo solos, sin molestar a nadie. Vosotros haced lo mismo.

¿Solos? insistió ella. Sabes que trabajamos los dos, que ahorramos en todo. El alquiler se lleva casi todo nuestro sueldo. Con la subida de precios, a este ritmo solo podremos comprar una caja de cartón.

¿Y a quién le resulta fácil ahora? respondí, irritada. Tu padre y yo nunca vivimos con nuestros padres. Lo pasamos todo solos y no nos quejamos.

Siempre lo mismo… Mamá, no me cuentes eso. ¡Yo lo recuerdo! Recuerdo cómo la abuela os ayudó.

No es lo mismo. Ella nos ayudó porque quiso y pudo. Nosotros no le pedimos nada. Me gané este piso con el sudor de mi frente, y con ese…

Yo no te pedí que me trajeras al mundo sin nada espetó Irene antes de colgar.

La rabia le hervía por dentro. Tal vez yo tenía derecho a decir que no, pero el modo en que lo hizo… Como si hubiera levantado un imperio sola y ella, la ingrata, quisiera vivir a costa mía. Pero la realidad era muy distinta.

Cuando descubrí que estaba embarazada, ni siquiera estaba casada. Javier, el padre de Irene, era un irresponsable, más interesado en divertirse que en cargar con obligaciones. Su madre era igual, divorciada y en una búsqueda eterna de felicidad. Así que acudí a Carmen, la abuela de Javier.

Al enterarse, Carmen se emocionó hasta las lágrimas, me abrazó y prometió ayudarme.

No lo dudes, ten al niño. Ya hablaré con Javier me dijo. Y, ya que así son las cosas, supongo que os dejaré la casita. Me iré a vivir con mi hija. Aquí sola me cuesta, y a Teresa le vendrá bien ayuda. Así vosotros tendréis donde criar al niño. O a la niña.

¿Carmen, en serio? no podía creerlo. ¡Es toda una casa!

No lo necesitaré donde voy. Yo no fui feliz, pero al menos tú sígue

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

3 × 5 =