Mamá me pidió que hiciéramos una prueba de paternidad y, aunque nunca lo dudé, accedimos, porque a Mencía, mi hija, siempre la he considerado mi niña.
Me llamo Víctor, tengo treinta y siete años. Aun teniendo todo lo que siempre quise, me faltaba una cosa: una familia. Desde que mi padre falleció hace seis años vivo en un piso de dos habitaciones con mi madre. No quería defraudarla, así que terminé los estudios con una buena titulación, conseguí un curro y cumplí sus expectativas. Ella esperaba ansiosa el día en que le dijera que había encontrado a mi media naranja, para poder consentir a los nietos.
Al final conocí a una chica llamada Ángela, que venía de un pueblo de la provincia de León y en aquel momento todavía era estudiante. Su familia no era pudiente, pero a mí eso no me importaba. Claro, a mi madre no le gustó la elección; decía que Ángela no era adecuada para mí. Pero por primera vez decidí seguir a mi corazón y empecé a salir con ella. Pasados unos meses la presenté en casa y le conté que íbamos a vivir juntos y que ella estaba embarazada de mi hijo. Mi madre, sin embargo, sospechó que Ángela se había quedado en la ciudad solo por conveniencia.
A pesar de la desaprobación de mi madre, Ángela se mudó con nosotros y ella la recibió a regañadientes. Al principio mi madre no estaba nada contenta con Ángela, pero con el tiempo fue tolerándola más. Ángela resultó ser una gran ama de casa y mi madre, como quien dice, se tranquilizó. No obstante, ella seguía esperando algún conflicto entre los dos.
Al cabo de un tiempo nació una niña a la que llamamos Mencía. Mamá volvió a pedir la prueba de paternidad; accedimos, aunque nunca dudé que Mencía era mi hija. El test confirmó que yo era el padre, pero mi madre siguió sin aceptar a Ángela en la familia. Incluso me sugirió que me separara de ella y que me quedara con la niña.
Me enfadé mucho y, con Ángela y Mencía, me largué de casa de mi madre. Desde entonces apenas mantengo contacto con ella, porque me parece egoísta y poco considerada con mis sentimientos. Da pena que no haya podido aceptar a Ángela como parte de nuestro núcleo, pero no pienso ceder ante su manera de actuar.







