EL ÁNGEL DE PELUCHE

Hola, mi exesposo. Quizá nunca leas esta carta, y de hecho no sirve de nada. Todo ya está dicho. Con el tiempo, miras lo que viviste en tu juventud con otros ojos.

Han pasado veinte años desde que firmamos el divorcio. Recuerdo perfectamente aquel día: el juez nos aconsejó que pensáramos con calma, que no tomáramos decisiones precipitadas (tenemos una hija de catorce años). Yo, sin embargo, estaba firme en mi postura. «¡Desháblanos y libéranos el uno del otro!»

Te quedaste callado. Si aceptaste, lo hiciste a tu manera, con la idea que te convenía.

Desde entonces, la familia dejó de existir como tal. Nuestras vidas corren por caminos paralelos; somos extraños y ni siquiera hablamos. ¿Para qué? No teníamos nada en común. Sólo un segundo ¡la hija! Pola, nuestra hija, no entiende por qué papá y mamá ya no están juntos. Nunca hubo discusiones, nunca hubo resentimientos. Vivíamos contentos, unidos, felices

Nunca admitiste que me amabas; no era necesario. El amor estaba en tu mirada, en tus actos. Siempre me traías regalos inesperados, con un significado profundo.

Recuerdo que, en Año Nuevo, colgaste en el árbol de Navidad un ángel de peluche que habías comprado. Al sonar las campanadas dijiste: «Que este angelito sea símbolo de nuestro amor». Cada año ese ángel quedó colgado sobre la puerta de entrada, y cada Navidad volaba al árbol, cuidando nuestra felicidad. Sí, parece que sí lo protege, aunque no lo haga

Yo, sin dudar, me enamoré. Mi pasión era como una erupción volcánica: una negra pasión que lo devora todo a su paso. Era una obsesión demoníaca. Mi pretendiente estaba casado, con dos hijas. Yo y él cruzamos caminos con todo el mundo. Para mis hijos, su esposa, mi marido resultó insoportable. Pero nosotros, consumidos por el pecado, no veíamos nada, entregados a la pasión

Mi revelación llegó medio año después de aquel caos. «¡Dios! Somos tan diferentes! Como sí y no. ¿Qué he hecho?

Me persigue siempre el mismo sueño: intento entrar a mi casa, pero está rodeada de un lodazal impenetrable. Trato de avanzar por esa mugre, y ella me atrae. La casa se aleja cada vez más de mí

Y mientras intento recomponme, arrastro con esfuerzo esa sombra del pecado; tú eres mi otra mitad, con otra familia Lo entiendo, no juzgo. Todos quieren amor, estabilidad y tranquilidad. Desde entonces, ha pasado mucha agua

Juventud, hija, nieta. Eso es todo lo que nos une, Igor. Poco, ¿no?

Solo nuestras vidas siguen caminos distintos.

Se acerca el Año Nuevo… Volveré a colgar nuestro ángel en el árbol. Se ha conservado bien. Sólo le quedan las alas caídas.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

5 × three =