Mi sobrina quería que le regalaran un carrito de bebé y, al negarse, puso a la familia en mi contra.

¡Tío, tienes que escuchar lo que me ha pasado! Resulta que mi sobrina, Almudena, había estado pidiendo un cochecito de bebé como regalo y, cuando se negó a aceptar otro detalle, terminó armando un drama familiar contra mí.

Los niños crecen como la espuma y yo ni me di cuenta cuando el pequeño empezó a gatear y a correr para encontrar a su papá. Como siempre, tratábamos de dar lo mejor a nuestro primogénito, aunque a veces eso suponga sacrificar nuestros propios deseos.

Así que nos gastamos una buena pasta en un cochecito compacto y a la moda, que cabía sin problemas en el maletero del coche. Lo cuidamos como a un tesoro porque, la verdad, teníamos la intención de revenderlo más adelante.

Cuando nuestro hijo ya había superado el cochecito, lo pusimos a la venta en Milanuncios. Mi marido sugirió bajar un 30% del precio original, pero yo pensé que la gente está pasando un momento complicado y que no tiene mucha pasta, así que dije: Lo vendo a mitad de precio, así se lleva rápido y ayudamos a alguien.

Unas horas después de publicar el anuncio, recibí la llamada de una chica muy simpática y guapa que me propuso quedar para ver el cochecito en persona. Acepté y, media hora más tarde, sonó el timbre.

Al abrir la puerta, me quedé boquiabierta: allí estaba Almudena, mi sobrina, a la que no habíamos visto en dos años porque nos fuimos a la liña por los chicos. Me alegré un montón de verla; llevaba tiempo buscando una excusa para volver a estar en contacto.

Nos sentamos con una taza de té y me contó que ella y su novio ya tenían un hijo y que apenas llegaban a fin de mes. Tras una charla sincera, fuimos a mirar el cochecito, le gustó y le dije que se lo podía quedar por menos de lo que había puesto en el anuncio.

Al día siguiente, con una sonrisa de oreja a oreja, me puse a preparar la llegada de los invitados y a cocinar una cena de lentejas con chorizo que quedó de rechupete. Nos sentamos todos alrededor de la mesa, recordamos viejos ratos y disfrutamos del reencuentro.

Cuando llegó el momento de cerrar el trato, Almudena, viendo que yo estaba dispuesta a ceder, soltó que le encantaría que le regalara el cochecito por su cumpleaños. Yo, sin rodeos, le dije que no estaba preparada para hacerle un regalo tan caro.

Se ofendió muchísimo, me llamó tacaña y salió de la casa gritando. Después le dijo a su familia que había sido una pena por el bebé, y ellos la apoyaron, lo que terminó rompiendo también el vínculo con los suyos.

Así que me he dado cuenta de que no se puede agradar a todo el mundo y que, de ahora en adelante, no volveré a hacer negocios con familiares. ¡Menuda liña, ¿no?!

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