9 de diciembre de 2025
Hoy ha venido a verme una joven a mi consulta en Madrid. Le he pedido que me dé la mano, como es costumbre, y le he asegurado que aquí, en casa de la señora Carmen, solo se dice la verdad. Me ha dicho que se llama Inés, un nombre muy nuestro, y he notado que su mano es pequeña y suave, como la de una niña. Las líneas de su palma parecían contarme una historia entera. Le he animado a preguntar lo que quisiera, sin vergüenza, porque si no, acabaría oyendo cosas que no le interesan.
Me ha pedido que le cuente todo, y así lo he hecho. El amor que le espera es puro y sincero. Se casará con un hombre honesto, alguien que la tratará con cariño. Mira, aquí está la línea del amor Tendrán un hijo, un chico brillante que terminará el colegio con honores y luego la universidad. Quizá acabe trabajando en el Ministerio o en el extranjero, ganando muchos euros y ayudando a sus padres. También tendrá una hija, una niña encantadora, cuya vida será fácil y feliz. Formará su propia familia y le dará nietos a Inés.
En cuanto al trabajo, veo que avanzará, aunque ahora piense que no hay oportunidades. Ya me recordará y pondrá una vela por mi salud en la iglesia de San Ginés. El dinero no le faltará, aunque ahora no lo vea claro. La salud, bueno, no es perfecta, pero ¿quién está completamente sano hoy en día? Pronto conocerá a un médico, un verdadero especialista, en una reunión agradable, no por enfermedad. Él le aconsejará bien y vivirá muchos años, más que yo, que ya tengo casi ochenta y he pasado por la guerra y el hambre. Pero no estamos aquí para hablar de mí.
Veo también que descubrirá algo nuevo, quizá en la ciencia, quizá en otro campo, y eso le traerá fama y fortuna. La gente acudirá a ella en busca de ayuda. Todo esto está escrito en su mano suave.
Sobre sus padres, no puedo decir mucho. Solo que su madre le escribirá pidiéndole perdón. Debe respetarla, que la vida es caprichosa y nadie elige su destino. De su padre apenas veo nada, pero su abuela sigue viva, ¿verdad? ¡Claro que sí! Le deseo salud, y bailará en la boda de Inés, aunque ahora diga que no puede andar. Yo la veo bailando, quizá el médico la ayude.
¿Ya sabe todo lo que quería? Bueno, Inés, no te acompaño a la puerta, que me duelen las piernas. Deja el regalo en la mesa, bajo el mantel. Gracias, hija, vete tranquila, todo irá bien. Cuéntale a tus amigas y a tu abuela lo que te ha dicho la señora Carmen. Quizá alguna más venga a visitarme
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¿Qué miras, bigotes? ¿No te gusta lo que digo? Pero bien que te gustan los higaditos y la nata, ¿eh? Y el pienso caro, que el barato ni lo tocas. ¿De dónde va a sacar la señora Carmen tanto dinero? ¡Eso es! Todos quieren pagar por escuchar cosas buenas, no la verdad.
¿Y qué debía decirle? ¿Que su novio es un sinvergüenza? ¿Que una noche les asaltarán y él saldrá corriendo? ¿Que en un mes estará con la amiga porque su padre es empresario? ¿Que Inés quedará embarazada tras aquel incidente y su abuela morirá de disgusto? ¿Que el hijo que tendrá se convertirá en un delincuente y la maltratará? ¿Que acabará en el psiquiátrico, perderá el trabajo y vivirá con lo justo hasta que le diagnostiquen cáncer a los cuarenta y cinco? ¿Que no sobrevivirá a la operación? ¿Eso debía contarle? ¿Y después me daría un regalo?
Al final, bigotes, solo tú y yo conocemos su verdadero destino. El que le inventé, ya lo saben ella, sus amigas y su abuela. No te hagas el listo, que sé que lo contará a todos. ¿Crees que son más que nosotros dos? ¡Claro! ¿Me creyó Inés? Me creyó. Así que, quién sabe, quizá todo cambie
***
Inés caminaba por la Gran Vía, sonriendo. Sentía el corazón ligero, como si su vida fuera un cuento feliz. Quizá la adivinadora tenía razón En la oscuridad de una callejuela, oyó pasos y risas detrás. Echó a correr, pero los perseguidores se acercaban. Por suerte, al doblar la esquina, se topó con un joven y su enorme perro. El animal ladró y el dueño sacó un spray:
¡Atrás, sinvergüenzas! ¡O llamo a la policía!
Inés apenas podía respirar, pero su protector le sonrió:
Me llamo Javier. ¿Te acompaño a casa con Roco?
Y todo cambió.
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¡Pasa, guapa! ¿Cómo te llamas? ¿Lucía? ¿Vienes porque Inés te lo recomendó? La recuerdo bien ¿Cómo le va? ¿Ya se casó? ¡Qué alegría! Dame la mano Qué suave y lisa la tienes
Hoy he aprendido que, aunque la vida sea incierta y a veces dura, una palabra amable puede cambiar el rumbo de una persona. Y que, al final, todos necesitamos creer en la esperanza.







