Construiré mi familia siguiendo otros principios

En primero de bachillerato, Lucía se dio cuenta de que le gustaba su compañero de clase, Ramón. No era como los demás chicos: siempre educado, nunca se burlaba de nadie ni decía cosas feas a las chicas, y trataba a los profesores con respeto, algo poco común.

Ramón tenía un aspecto agradable, con el pelo rubio ligeramente ondulado y unos ojos azules cálidos y sinceros. Siempre había sido de estatura baja, pero tras el verano volvió al instituto y sorprendió a todos: ahora era más alto que la mayoría de los chicos y se le notaban los hombros más anchos.

Ramón, ¿qué te ha pasado? le preguntaban tanto chicas como chicos. Siempre eras bajito y ahora…

Ni idea respondía él con una sonrisa, aunque pensaba que era por haber trabajado todo el verano en la obra. No quería dar explicaciones, porque seguro que empezarían a preguntar por qué y para qué…

Ramón tuvo que trabajar durante las vacaciones porque su padre, alcohólico, no aportaba nada a la casa, se gastaba el dinero y lo poco que quedaba lo escondía de su madre. Su madre era enfermera en el hospital y con un solo sueldo era difícil salir adelante, sobre todo porque Ramón ya era mayor y crecía rápido. Ella lo veía y él también lo entendía.

Mamá, ¿me ayudas a buscar trabajo este verano? le pidió. Quiero comprarme ropa y zapatos para el curso, porque de papá no espero nada.

Hijo, sí que has madurado dijo su madre con tristeza. Hablaré con la tía Carmen, su marido Antonio tiene una empresa de construcción, quizá te pueda echar una mano.

Antonio aceptó a Ramón y el chico trabajó duro todo el verano. Carmen le decía a la madre de Ramón:

Mi Antonio no para de elogiar a tu hijo: trabajador, responsable, fiable y listo. No como el nuestro, que todo le viene fácil.

Gracias, Carmen, al menos mi hijo no ha salido como su padre.

Deberías echar a ese hombre, ¿qué vida es esa? le aconsejaba Carmen.

Echarlo podría, pero ¿a dónde iría? No me atrevo, aunque ya no lo soporto…

La madre de Ramón era muy compasiva, siempre ayudaba a los demás y alimentaba a los animales callejeros. Por eso no se decidía a divorciarse.

Cuando Lucía vio a Ramón el primer día de clase, se sorprendió.

Vaya cambio el de Ramón. Alto, fuerte, bien vestido, aunque digan que su padre bebe susurraban las chicas al ver lo guapo que estaba.

Lucía también era diferente. Una chica guapa, de pelo largo y oscuro, ojos marrones y mirada profunda. Siempre sacaba las mejores notas y ayudaba a la clase en todo. Sus compañeros estaban acostumbrados a que Lucía supiera siempre la respuesta y la respetaban.

Con los años, algunas chicas empezaron a sentir celos, pero Lucía nunca se creía mejor que nadie y ayudaba a todos. Era admirada en el instituto por su estilo impecable. Venía de una familia de profesores: su padre, Juan Fernández, enseñaba economía en la universidad y su madre, Teresa López, química en el instituto. Lucía era hija única, pero no consentida.

Los profesores decían de ella:

Hija de profesores y tan educada y seria. Normalmente los hijos de familias así son caprichosos y los padres siempre están en el colegio resolviendo problemas. Pero aquí… Claro, también depende del niño…

Lucía, tras el primer día, pensaba:

Me gusta Ramón, por eso tengo ganas de ir al instituto cada mañana. Quiero verle. ¿Será esto amor? Nunca me he enamorado, aunque algunas chicas cuentan que salen hasta tarde con chicos.

Ramón también se enamoró, y no miraba a ninguna otra chica, aunque muchas intentaban llamar su atención. Lucía no sabía que algunas le escribían y le proponían citas, pero él no respondía o rechazaba.

Un día, al salir de clase, Ramón se acercó a Lucía.

Lucía, ¿me podrías ayudar con matemáticas? Me he perdido y ahora todo se me complica…

Claro, ven a mi casa y lo vemos juntos…

¿Seguro que es buena idea? ¿Qué dirán tus padres?

No te preocupes, son geniales. Si quieres, vamos ahora.

Vale, vamos aceptó Ramón, y salieron juntos mientras las chicas los miraban con envidia.

Lucía se tomó el asunto en serio y le explicó la materia a Ramón, que enseguida lo entendió.

No es tan difícil cuando te lo explican bien sonrió Ramón.

En la vida, el amor aparece sin avisar.

Desde ese día, Ramón acompañaba a Lucía a casa, aunque vivía más lejos. Pronto todo el instituto comentaba que estaban enamorados.

Menuda suerte la de Lucía, se ha quedado con Ramón, que la sigue a todas partes decía Marta, que también estaba interesada en él.

Ramón sabe lo que hace, se junta con la hija de profesores se quejaban otras chicas y chicos, porque Lucía gustaba a muchos.

Pero Lucía solo se fijaba en Ramón y era feliz a su lado. El amor llega sin preguntar de dónde vienes ni mirar apellidos. Une a dos personas de mundos distintos, con historias diferentes, pero nada importa cuando los corazones laten juntos.

Los padres de Lucía sabían que su hija era amiga de Ramón y lo conocían. Paseaban juntos, pero no salían hasta tarde, porque sus padres no lo permitían.

Teresa López sabía bien de la familia de Ramón, que su padre bebía y su madre luchaba sola. Su amiga le decía con cierto desprecio:

Teresa, tu hija sale con ese… Ramón. De esa familia, ya sabes… El padre siempre borracho, la madre sola… Y Lucía tan lista…

Pero Ramón estudia bien y es educado, yo he hablado con él respondía la madre de Lucía.

¿Qué educación puede tener en esa casa? ¿Qué ejemplo le da a tu hija?

Mi sobrino también viene de una familia así y estudia en la universidad, es un chico excelente. No es la familia, es la persona.

El tiempo pasó y Lucía y Ramón seguían inseparables. Se acercaba el final del instituto. Lucía terminó con matrícula de honor y Ramón con buenas notas. Lucía entró en la universidad y Ramón en la escuela de ingenieros.

En la graduación, las chicas comentaban con ironía:

Lucía irá a la universidad y Ramón al politécnico… Ahí se separarán. En la universidad hay muchos chicos, Lucía encontrará otro.

El amor es curioso. No mira apellidos ni escándalos. Ve a la persona y su capacidad de cambiar, sin importar el pasado.

Ramón, ¿qué haces en una familia de profesores? Te has fijado en su hija, pero ellos no te aceptarán, no eres lo que buscan gritaba su padre borracho, pero Ramón ya no le hacía caso, había dejado de respetarlo.

Un día, tras una discusión, Ramón no aguantó más.

No viviré como tú. ¿Qué tienes en la vida? Solo el fondo de una botella… Yo formaré mi familia con valores muy distintos a los tuyos.

A veces, las circunstancias pesan, y si los padres de Lucía hubieran insistido:

¿No ves de qué familia viene Ramón?

Quizá la historia habría terminado ahí. Pero vieron el cariño entre Lucía y Ramón y decidieron no intervenir. Eligieron estar juntos y demostraron que el destino se puede cambiar.

Pasaron los años de universidad y politécnico, y su relación siguió fuerte, superando todas las dificultades.

Antes de terminar la universidad, Ramón le hizo una propuesta a Lucía:

He esperado mucho este momento dijo, arrodillándose y mostrando un anillo. Quiero que seas mi esposa, ¿aceptas?

Por supuesto, Ramón, no imagino mi vida sin ti.

Se casaron y los padres de Lucía les regalaron un piso. Ramón encontró trabajo en una gran empresa, con buen sueldo en euros, y pronto le ofrecieron grandes oportunidades. Sueña con montar su propio negocio y seguro que lo logrará.

La vida les enseñó que el amor y el esfuerzo pueden cambiar cualquier historia. Lo importante no es de dónde vienes, sino lo que eliges construir.

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