Los padres de mi marido no dejan de entrometerse: intentan reconciliarlo con su exmujer – “¿Es que no lo entiendes? ¡Tienen un hijo en común!” – Mi suegra se queja sin parar.

Diario personal, 7 de junio

Hoy he vuelto a darle vueltas a la situación con los padres de mi marido. No se resignan, están empeñados en reconciliarle con su exmujer. Mi suegra insiste una y otra vez: ¿No lo entiendes? ¡Tienen un hijo en común!”. Sus palabras resuenan en mi cabeza, casi como un reproche.

Llevo tres años casada con Fernando. Vivimos en Madrid y, aunque llevamos una vida tranquila y feliz, sus padres parecen incapaces de aceptar que su hijo está divorciado desde hace más de cuatro años. Ni siquiera nuestro matrimonio ha conseguido cambiar nada. Siguen pensando que lo mejor es que Fernando vuelva con su ex por el bien del niño, como si sólo así pudieran componer lo que ellos ven como un error de juventud.

Recuerdo cuando conocí a Fernando, él ya estaba divorciado. Todo había sido, supuestamente, de mutuo acuerdo. Su exmujer, Alba, se volvió a casar pronto, quizá porque ya tenía otra relación cuando se separaron. A mí, sinceramente, no me preocupa en absoluto su pasado.

A veces pienso si cometimos un error casándonos tan rápido. Según me confesó Fernando una noche, su madre le presionó para casarse con Alba cuando ella se quedó embarazada, aunque él nunca estuvo verdaderamente enamorado. Si no hubiera sido por el niño, jamás lo habría hecho. Me lo contó casi con alivio, como si necesitara justificar su vida antes de mí.

Nunca he sentido celos de Alba. Observé de cerca cómo se relacionaban, y me di cuenta de que entre ellos ya no había nada. Apenas hablan salvo para asuntos del niño, Sergio, y ella parece tan desinteresada como él. Sólo mantienen contacto por obligación, por el hijo que tienen juntos.

Mis suegros, en cambio, no pueden soportarlo. Mi suegra sigue invitando a Alba a celebraciones familiares, la elogia delante de todos y suspira cada vez que tiene ocasión, añorando el pasado como si fuera un tesoro perdido. Incluso mi suegro, hombre poco dado a emociones, participa en estos intentos de recomponer la familia que fue.

Recuerdo las palabras de mi suegra una tarde, cuando estábamos solas: “Sois jóvenes, toda la vida por delante ¿para qué te metes en una familia rota?”. Le respondí que si Fernando estuviera casado no estaría con él. Pero ahora es un hombre libre. Quiso contestarme, pero Fernando entró en ese instante y la conversación quedó en el aire. Entendí entonces que jamás podríamos tener una relación cercana. Y no me afecta tanto como debería.

Nunca tuve contacto frecuente con mis suegros. Solo en ocasiones familiares, bodas, navidades, en las que inevitablemente toca escuchar a mi suegra lamentándose por la anterior vida de Fernando. Él intenta quitarle importancia, pero la historia se repite cada vez.

No tengo prisa por ser madre. No me veo aún con un hijo, y Fernando ya tiene a Sergio. Mi suegra, por supuesto, se contenta con ese nieto. Desde el divorcio, su obsesión no ha hecho más que crecer. Invita a Alba con la excusa del niño, alaba cualquier cosa que hace y sueña despierta viendo a su antigua nuera compartiendo mesa en nuestra casa.

Alba tampoco pone de su parte, ni para bien ni para mal. Acude, se sienta, y se va. Esa indiferencia lo dice todo.

A veces pienso que mi suegra intenta provocar celos en Fernando con su exmujer, y en mí con él. Llama para preguntar dónde está Fernando, y si no lo sé, da por hecho que está con Alba. Incluso le pide que pase por su casa con cualquier excusa. Esos detalles, aunque no me afectan emocionalmente, logran ponerme de los nervios.

Si uno observa nuestra historia desde fuera, se nota que entre Fernando y Alba no hay nada. No hay amor, ni rencor, ni interés. Sólo el lazo del pequeño Sergio, y el cumplimiento responsable: Fernando le pasa la pensión, pasa tiempo con él, y ambos mantienen una relación cordial. Alba se comporta correctamente, no le pone trabas para ver al niño ni le exige más de lo necesario. De hecho, me parece una mujer normal, con la que se puede hablar, educada. Todos hacemos nuestra vida.

Salvo mi suegra, que sigue buscando la manera de rompernos. ¿Hasta cuándo durará esto? ¿Cuándo aceptará la realidad? Fernando confía en que, si algún día tengo un hijo, ella cambiará de actitud. No me atrevo a creerlo. No sé si algún día madurará y dejará de vivir en el pasado.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

8 − seven =

Los padres de mi marido no dejan de entrometerse: intentan reconciliarlo con su exmujer – “¿Es que no lo entiendes? ¡Tienen un hijo en común!” – Mi suegra se queja sin parar.
– ¡Mamá, no vengas! ¡Nos ha echado de casa! – sollozaba Natalia