Mi marido tenía una amante. No me oponía a su relación. Incluso llegué a quedar con esa mujer. No sentí rencor hacia ella, y me parecía absurdo enfadarme por culpa de mi marido.
Tuvimos una buena charla. Descubrí que era una mujer amable, y tras esa conversación, parecía como si lleváramos años siendo amigas.
Pasado un tiempo, él y su amante decidieron casarse, aunque no de forma legal. No me molestó lo más mínimo, así que los tres empezamos juntos con los preparativos. Yo la ayudé a elegir un precioso vestido de novia, y ella me dio consejo sobre qué traje de noche debía llevar yo. Decidimos celebrar la ceremonia en nuestra casa, y yo sería la testigo principal. Todo parecía de verdad, sólo faltaba el funcionario del Registro Civil.
El día de la boda nos levantamos temprano, dimos los últimos toques a la decoración y comenzamos a arreglarnos. Yo misma le ayudé a ponerse el vestido de novia. Después, intercambiaron sus votos y se pusieron los anillos. Los recién casados se besaron con pasión.
La primera noche de bodas también fue en nuestra casa. Cuando mi marido se quedó dormido, ella vino a la cocina donde yo estaba preparando un café. Estuvimos mucho tiempo juntas, charlando y riéndonos como viejas amigas. Era sorprendente la cantidad de cosas que compartíamos.
Jamás me sentí degradada por esta situación, ni un solo segundo. Es más, puedo decir que me siento feliz. Al final, ella y yo charlamos muchísimo y pasamos gran parte del tiempo juntas. Ahora tengo a alguien con quien ir de compras, dar paseos por El Retiro o pasar una tarde en la piscina municipal. Creo sinceramente que nuestra relación será siempre mucho más valiosa que cualquier vínculo con un hombre.
¿Y tú? ¿Qué opinas de una amistad así?







