Encuentro de dos corazones
Cristina subió al autobús en la estación de la Avenida del Prado, justo donde solía hacerlo. Dentro, sólo quedaba un sitio libre, al lado de un hombre que aparentaba unos años más que ella. Al principio, Cristina no prestó demasiada atención a aquel desconocido. Le aguardaban siete horas de viaje hasta Valladolid, donde vivían sus padres, y su cabeza bullía de preocupaciones urgentes por resolver.
Cristina se acomodó mientras el autobús arrancaba y, al poco tiempo, un tenue aroma a almizcle y café tostado capturó suavemente su atención. Era un olor tan agradable que su mente se llenó en seguida de recuerdos.
Verano, calor, ella aún tenía diecisiete años y a su lado estaba su entonces novio Sergio, que olía exactamente igual. Tumbados sobre la hierba junto al río Duero, se besaban bajo un brillante cielo estrellado, y Sergio le susurraba al oído que nunca la dejaría, que siempre estarían juntos. Fue su primer gran amor intenso, apasionado. Tanto le quería que habría renunciado a sus estudios universitarios, a su futuro, solo por permanecer a su lado.
Pero el destino los separó. Sergio tuvo que marcharse a hacer el servicio militar y jamás volvió a ella encontró a una chica en Madrid y se casó. Cristina quedó con el corazón hecho pedazos. Nunca salió con ningún otro chico y, aunque habían pasado diez años, seguía amando a Sergio, a pesar de su traición.
Por una fracción de segundo, Cristina volvió la cabeza hacia su compañero de asiento. ¡No podía ser! Moreno, de ojos azules, nariz elegante y labios carnosos, alto Aquél hombre guardaba tal parecido con Sergio que el corazón de Cristina comenzó a martillear con fuerza.
Perdona, ¿no te llamas tú Sergio, por casualidad? preguntó tímidamente, con voz casi inaudible.
No, soy Álvaro respondió el hombre, girándose con una sonrisa amable. Era el vivo retrato de aquel primer amor que Cristina aún conservaba en su corazón. ¿Y tú cómo te llamas?
Yo… me llamo Cristina. Encantada de conocerte logró responder tras unos segundos de vacilación.
El gusto es mío, Cristina. Álvaro se quedó mirándola, sorprendido. Eres increíblemente parecida a mi primera novia.
¿De verdad?
Sí, mi primer amor. Nos separamos de mala manera. Ella conoció a alguien más y yo, durante diez años, no he dejado de pensar en ella. Y ahora míranos, encontrándonos así, de repente Aún no me lo creo.
Álvaro hablaba con tal sinceridad que el leve rubor de sus mejillas delataba la emoción de los recuerdos.
Es asombroso dijo Cristina. Mi historia es idéntica. Incluso te pareces muchísimo a Sergio, mi primer amor. Sigo preguntándome si todo esto no es un sueño.
¿Sabes qué, Cristina? Deberíamos intercambiarnos nuestros números por si acaso
Me parece buena idea.
Ambos empezaron a conversar con entusiasmo. ¿Cómo acabaría su historia? Tal vez la vida les ofrecía una segunda oportunidad, aunque con personas distintas pero igual de especiales. Al final, en la vida nada sucede por casualidad; cada encuentro tiene su tiempo y su razón. Conviene recordar que, a veces, debemos dejar marchar el pasado para abrir nuestro corazón a nuevas historias.







