No entendía a dónde desaparecía la comida que preparaba mi mujer. Luego mi suegra nos contó la verdad

Diario personal, 8 de marzo

Todavía estoy dándole vueltas en la cabeza a lo que sucede en casa últimamente. Cuando Carmen, mi suegra, empezó a ayudarnos cuidando a nuestro hijo Lucas, me sentí aliviado. Como Lucas suele ponerse malo a menudo, decidimos no llevarlo a la guardería, y Esther, mi mujer, le pidió a su madre que viniera cada día a nuestra casa en Madrid para cuidar de él.

Carmen aceptó, pero dejó claro que quería volver a su piso cada tarde para descansar tranquila. No queríamos cargarla demasiado, así que los días en que teníamos alguna cita o trabajo extra por la noche, pedíamos a nuestra vecina Rosario que nos echase una mano y Carmen se marchaba a casa sobre las siete.

Al principio, todo iba bien. Volvíamos a casa corriendo después del trabajo, encontrábamos a Lucas recién bañado y cenado. Pero al cabo de unas semanas, Carmen ya no nos esperaba; salía antes de que llegáramos.

Esther siempre deja comida preparada para un par de días; tortillas de patatas, potajes, croquetas además, cada mes le damos a Carmen un sobre con euros como agradecimiento por el tiempo que nos dedica. Somos conscientes de su esfuerzo y queremos valorarlo de alguna manera.

Sin embargo, Esther y yo empezamos a notar algo extraño: la comida desaparecía más rápido de lo normal. Carmen apenas prueba bocado cuando está en casa y Lucas come poquito Así que, un día, me armé de valor y le pregunté directamente. Carmen no vaciló mucho y me soltó la verdad: Tu suegro, Julián, viene a menudo después de comer, y le doy un tupper para cenar, así no tiene que hacerse nada cuando llega a casa.

Me quedé sin palabras. No entiendo por qué no puede hacerse él algo sencillo de cenar en su piso de Vallecas. Comprendo que venga a cenar algún domingo, pero esto de que todos los días se lleve el equivalente a una ración para adulto… no lo veo.

El caso es que muchas noches apenas nos alcanza para cenar, y Esther, en vez de quejarse, se calla. Hice cuentas: probablemente nos saldría más rentable contratar a una cuidadora profesional que, además, no nos vaciaría la nevera.

No me gusta esta actitud de mis suegros, pero Esther me pide que no diga nada. Me pregunto si no se dan cuenta de que también nosotros vamos justos en el día a día. Pagamos religiosamente a su madre por cuidar al niño y encima se llevan la merienda y la cena. ¿Alguien más ha pasado por esto? Me cuesta entender este abuso, y no sé hasta cuándo podré seguir callando.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

eleven − three =

No entendía a dónde desaparecía la comida que preparaba mi mujer. Luego mi suegra nos contó la verdad
Me casé a los 50 años creyendo haber encontrado la felicidad, pero no imaginaba lo que el destino me tenía preparado…