Tras la negativa de los padres de ayudar a la joven pareja con la compra de una vivienda, Alba incluso llega a pensar junto a su marido que quizá no permitirán a los abuelos ver a su nieto.
Cuando Jaime le pide matrimonio a Alba, él no sabe nada acerca de los padres de ella. Llevan apenas unos meses saliendo, pero Alba ocupa sus pensamientos día y noche. Un amigo suyo incluso le advierte de que sería injusto quitarle una chica tan guapa a los demás, así que Jaime siente la necesidad de casarse cuanto antes para protegerla. Su amor por Alba le desborda y no concibe su vida sin ella, por lo que no duda ni un segundo en proponerle matrimonio.
Alba no solo es guapa, sino también muy inteligente. Está acostumbrada a despertar admiración en los hombres, pero siempre encontraba en todos ellos algún detalle que le molestaba. Sin embargo, en cuanto conoce a Jaime, queda fascinada por cómo le hace sentir. Nunca pensó que encontraría a alguien así y acepta la propuesta en ese mismo momento.
Después de comprometerse, conocen a los padres de Alba. Carmen Rodríguez y Manuel Domínguez están satisfechos con la elección de su hija, pero no acaban de tomarse el compromiso demasiado en serio. Ya se han acostumbrado a que Alba siempre encuentre pegas en todos sus pretendientes. Aun así, mantienen la esperanza en Jaime.
Jaime se da cuenta de que los padres de Alba tienen un coche muy bueno y, por sus costumbres, deduce que disfrutan de una vida acomodada, aunque no lo comentan abiertamente. La boda es sencilla, con solo familiares y amigos cercanos. Tanto Jaime como Alba esperan que sus padres les compren un piso como regalo de bodas, pero los regalos son modestos. Deciden entonces trabajar para conseguir su propio hogar, sin depender de sus padres.
Acuerdan vivir juntos en un apartamento alquilado y no tener hijos hasta contar con vivienda propia. Les mueve el deseo de independencia y no quieren deberle nada a nadie, aunque saben que sus padres podrían ayudarles si se lo propusieran.
Jaime y Alba empiezan a ahorrar, compartiendo gastos en el alquiler. Tras cuatro años, Alba se queda embarazada y juntos acuden al médico. Llenos de alegría, pero preocupados por su situación, deciden visitar a ambas familias para compartir la noticia y pedir ayuda con la casa. Tienen esperanza, pero las visitas no salen como esperaban.
Primero acuden a los padres de Alba y, tras contarles la buena nueva, les piden ayuda para comprar un piso. Sus padres, sin titubeos, alegan que ahora no pueden ayudarles, aunque Alba sabe que tienen recursos suficientes. Ofendidos y sin despedirse, se marchan. Al día siguiente visitan a los padres de Jaime, quienes celebran muchísimo el hecho de que vayan a ser abuelos. Sin embargo, cuando les piden ayuda para la vivienda, la madre de Jaime también se niega, argumentando que los padres de Alba ya lo han hecho y ofreciéndoles su casa para vivir juntos.
Decepcionados y dolidos, Alba y Jaime se marchan sin despedirse. Alba, muy triste, incluso se plantea no dejar que los abuelos vean al futuro bebé, sintiendo que sus prioridades no están en el lugar correcto.
¿Y tú qué piensas: deberían los jóvenes sentirse heridos por la falta de apoyo económico por parte de sus padres?







