Tengo 31 años y crío a dos hijas, de 3 y 1 año. No trabajo fuera de casa, soy madre a tiempo completoy ojo, que esto lo elegí yo, ¡nadie me obligó!
Cuando tuve a mi primera niña, supuse ingenuamente, con la inocencia propia de una cervatilla, que las abuelas ayudarían al principio. Pues mira tú por dónde, resultaron ser más bien un pequeño estorbo que una ayuda, y acabé apañándomelas yo sola con todo el tinglado.
Dejadme que os cuente un poco más largo y tendido:
Después del nacimiento de mi hija, y más aún tras salir del hospital, me sentía más perdida que un pulpo en un garajey sinceramente, no sabía ni por dónde meterle mano al asunto maternal. Lo que ahora, tras dos criaturas, me parece de lo más sencillo, hace tres años era como estar en medio de un sudoku sin bolígrafo en casa.
Claro, las instrucciones de “cómo cuidar a un bebé” no venían impresas en ninguna parte de la cabeza. Quién lo iba a decir.
Aquí mi error de principiante: pensé que la generación de nuestras madres tendría grabado a fuego cómo cambiar pañales, bañar, alimentar, cortar uñas o curar cualquier cosilla. Pero la realidad es que, incluso entre ellas, había discusiones acerca de cómo bañar a la niña, que si frío, que si caliente, que si con esponja o mejor a cubos
Así que nada, a marchas forzadas aprendí a poner pañales como una campeona, y alguna que otra cosa más, ya que estábamos.
Admiro mucho a mi madre y a mi suegralas quiero con locurapero hay cosas que no puedo evitar recordar con una sonrisa torcida.
Abuela 1 (mi suegra):
-Hay que rezar un Padrenuestro sobre el agua antes de dársela al bebé, y sólo puede beber esa. ¿Filtro brita? Pero hija, ¡si eso es cosa del demonio!
-Yo mientras fui a comprar un filtro, por si acaso.
-“El jabón de lagarto es el único válido para la niña, y de paso se le puede dar también para las rozaduras.”
-“Estás criando mal a las niñas, por eso se ponen malas (aunque nunca haya una razón clara).”
-Para que la niña deje de llorar, deberías llevarla a una curandera, que lo arreglan todo. Imagina.
Abuela 2 (mi madre):
-El llanto, bah, eso se pasa solo. La fiebre, das un paracetamol y andando.
-Demasiados juguetes compras, luego te quejarás de que no valoran nada.
-Yo vengo el sábado a las 13:00 para quedarme con las peques, pero eso sí, a las 16:00 me voy que tengo cine. Esto, así, cada fin de semana sagrado.
-Dulces y salados se pueden dar al bebé desde los seis meses, que si el bebé pide, pues que pruebe de todo, mujer, no seas exagerada.
-Quiero mucho a mi madre, pero cada día tengo más preguntas sobre su estilo de crianza y la mía.
De pequeña, a mi hermano y a mí nos dejaban a menudo con la abuela y, si la memoria no me falla, vivíamos a base de macarrones, y en casa, lo que se dice variado, tampoco comíamos: siempre comida grasienta y contundente. Recuerdo haber tosido durante días, pero nada, oídos sordosacabé desarrollando tos ferina. Ahora me explico yo sola de dónde viene mi amor-odio con el hígado y por qué mi páncreas está más trabajado que un camarero de feria.
Conclusiónme llevo fenomenal con nuestras abuelas, pero de ahí a dejarles a las niñas unos días… pues va a ser que no. Bajo supervisión, sí. No es que sea paranoica, pero oye, miedo me da…







