Hay personas que de algún modo transmiten infortunio… (como solía contar mi abuela)
Ay, hija mía, escucha a tu abuela…
Hay quienes en este mundo, que nada más aparecer, el ambiente se vuelve pesado. No es porque asusten es porque arrastran esa pesadez. Detrás de ellos, parece que dejan una estela oscura.
No es superstición, ni cuento. He vivido mucho, y he visto lo mismo repetirse infinidad de veces: tras el paso de ciertas personas, todo sale mal.
Te las encuentras, y luego:
algo se rompe, se pierde, se estropea, surgen discusiones, enfermedades, infortunios
Y una se pregunta:
¿Pero qué me pasa, por qué parece que arrastro la mala suerte?
¿Y sabes qué es lo peor?
Que muchas veces, cuando piensas en alguien en concreto lo ves claro.
La intuición nunca engaña.
El corazón siente cuando algo no es limpio.
1) Primera causa: la envidia y la maldad escondida
Casi siempre el origen es la envidia, hija.
Te sonríen.
Te hablan bonito.
Pero por dentro piensan:
Ojalá fracases, ojalá tropieces.
Y claro, nunca lo dicen.
Pero lo transmiten.
Y una, por muy fuerte que sea, percibe esa energía.
¿Y sabes qué pasa entonces?
En tu cabeza todo se desordena.
Empiezas a ponerte nerviosa sin saber por qué.
Te distraes.
Cometes errores.
Resbalas sin querer.
Y luego dices:
Desde que hablé con esa persona, no levanto cabeza…
Y así es, porque la envidia es como un veneno, pero gotea en silencio.
2) Segunda causa: la persona lleva consigo una sombra negra
Hay otras que no son malas de corazón.
Pero son desgraciadas.
Todo les pesa.
Siempre se quejan.
Siempre culpan a alguien.
Cuando se sientan a tu lado…
te van drenando poco a poco.
Empiezan:
Ay, esto no tiene remedio
Ay, seguro que va peor
Ay, la vida es un sufrimiento
Y sin darte cuenta, esa oscuridad entra también en ti.
Mi abuela decía:
Huye del quejica, que te arrastra con su mala sombra.
No es brujería, es energía.
La emoción se contagia como una gripe.
En los pueblos se decía de antes que existe el mal de ojo, que se pega a ciertas personas.
Luego pueden pasártelo, contándote sus penas y agobiándote.
Y mi abuela me decía:
No escuches tanto a los desgraciados. No resolverás sus problemas y sólo te llevarás parte de sus males.
3) Tercera causa: la persona es mala por dentro
Y también hay quienes simplemente son malos.
No es rabia.
Es que su alma se alimenta de la maldad.
Se regocijan con el fracaso ajeno.
Difaman a quien tiene éxito.
Hablan mal de todos.
No hace falta que estén contra ti, basta con acercarse para mancharte de ese odio.
Hay un dicho:
Dime con quién andas y te diré quién eres.
Y, sinceramente,
Si te arrimas demasiado a mala gente, si compartes mucho, si les haces favores, si les escuchas envenenarte
Llega un momento en que su sombra también alcanza tu vida.
Y entonces llega la factura.
No porque Dios castigue, sino porque la vida no tolera la suciedad junto a lo limpio.
¿Cómo distinguir si una persona es una señal o realmente la fuente de tu malestar?
Aquí está el matiz.
A veces, esa persona no es la causante, sino como una señal que te avisa:
¡Cuidado!
Como el semáforo en rojo. No tiene culpa de que te atropellen, sino que te detiene para que no corras el riesgo.
A veces, a través de alguien, la vida te muestra:
que no debes estar en ese lugar
que no hay que hacer ese trato
que no conviene confiar un secreto
que eres demasiado confiada
Por eso no hay que culpar siempre, sino mirar con cabeza.
¿Qué hacer si notas ese mal fario tras alguien?
Te lo digo, tal y como decían las abuelas muy simple:
1) Fíjate en las señales
Si tras cada conversación:
te pones enferma
tienes discusiones en casa
te equivocas
llegan malas noticias
no es casualidad.
2) No te justifiques por compromisos
Muchos piensan:
Es familia
Es vecino
Es compañero de trabajo
Pero escucha bien,
lo más incómodo del mundo es que te destrocen la vida.
Tu paz vale más que el capricho ajeno.
3) Cuida tus palabras
Con estas personas, ni cuentes lo personal.
No digas planes, ni sueños, ni proyectos bonitos.
Que hay quienes, cuando oyen que algo te va bien, parece que les duele.
4) Distancia, discreción, silencio
No hace falta discutir.
Ni dar explicaciones.
Simplemente:
menos trato, más breve, más formal.
5) Si puedes ayudar, hazlo, pero de lejos
A veces la persona no es mala, sino rota.
Puedes echarle un cable pero sin sacrificarte.
Mi abuela decía:
Sálvate primero tú, luego si acaso los demás.
Y lo más importante:
Si sientes que alguien te hace daño,
No te obligues a soportarlo.
No tienes que demostrar bondad donde te menosprecian.
No vale la pena agotarse por quien no te valora.
Si tu alma se encoge al lado de alguien,
algo no va bien.
Recuerda esto, hija mía:
El universo siempre nos habla, primero susurra. Y si no le oyes, acaba gritando.
Y si no escuchas a tiempo las lágrimas serán las que te detengan.
La vida nos enseña a proteger nuestro espíritu y a cuidar la luz que llevamos dentro. Escucha tu intuición: es la brújula más sabia que tendrás nunca.







