Mi marido y yo llevamos diez años durmiendo en camas separadas… y nuestro matrimonio nunca ha sido…

Mi marido y yo dormimos en camas separadas desde hace diez años y nuestro matrimonio nunca ha sido mejor.

Sé lo que estáis pensando.
“Dormir en camas separadas” suena a la primera señal de divorcio, ¿verdad?
Pues para nosotros ha sido justo al contrario.

Todo comenzó hace diez años, tras una noche especialmente dura. Eran las tres de la madrugada y yo estaba despierta, mirando al techo, mientras a mi lado sonaban ronquidos como si tuviésemos un tractor averiado en el dormitorio. Durante horas.

Le di un codazo.
Estás roncando. Otra vez.
Yo no ronco musitó, y se volvió a dormir.

Medio minuto después, lo mismo.

Alrededor de las cinco fui yo quien le despertó a él. Le había quitado el edredón, le di varios golpes “sin querer” y me había apropiado de todas las sábanas.

Pareces un pulpo en una lavadora murmuró.
Y tú, un avión despegando.

En el desayuno no cruzamos palabra. Los dos agotados, irritables y con los párpados de plomo.

Podríamos empezó él, mirando su café.
¿Dormir en habitaciones separadas? completé yo.

Se hizo un silencio tenso.
¿Estábamos admitiendo una derrota?
¿Qué dirían nuestros padres?
¿Y los amigos?

Podemos probar un mes dijo él.

Dormí como una niña.
De verdad, dormí profundo.
Sin ronquidos, sin patadas, todas las almohadas en su sitio. Me desperté y pensé: “Así es como duerme la gente normal”.

Y él también se levantó diferente. Sonriente. Tranquilo.

Pasó un mes. Luego otro.
Y aquí estamos, diez años después.

Hay algunas cosas que nadie te cuenta sobre dormir en camas separadas.

La primera: empiezas a echar de menos al otro.
Como al principio de la relación. Ahora, cuando uno va a la habitación del otro, es porque quiere. No por costumbre. No por obligación.

¿Puedo quedarme un rato? pregunta él desde la puerta.
Depende respondo. ¿Vas a roncar?
No prometo nada.

Justo por eso, la intimidad es mayor. Hay intención. Hay elección. Cada encuentro es casi una pequeña aventura.

La segunda: desaparecieron las broncas matutinas.
No discutimos a las siete de la mañana por la luz, por el ruido, o por por qué te levantas así.

La tercera: cada uno tiene su propio espacio.
Yo leo hasta tarde.
Él ve fútbol.
Yo duermo con el ventilador puesto incluso en invierno.
Él, a oscuras y en silencio.
Todos estamos a gusto.

¿No os parece raro? me preguntan.
No respondo. Ahora estamos juntos porque nos elegimos cada día.

Cuando se puso enfermo hace poco, pasé unas noches en su habitación para cuidarle.

Vas a contagiarte me decía.
No importa contesté. Además, echaba de menos tu ruido.

Cuando se recuperó, volví a mi habitación.

¿Ya te vas? preguntó.
Te quiero le dije. Pero necesito dormir.

A veces, un poco de distancia no separa.
A veces, es justo eso lo que salva la relación.

Porque cada noche puedes volver a echar de menos a tu pareja.
Y cada mañana reencontrarte de nuevo.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

ten − seven =

Mi marido y yo llevamos diez años durmiendo en camas separadas… y nuestro matrimonio nunca ha sido…
Solo cuando me fui a vivir con mi amante, me di cuenta del gran error que había cometido