Mira, te cuento. Soy soltero, tengo 45 años. Antes estuve casado durante quince años con una señora guapísima. Y digo “señora” porque realmente lo parecía; siempre impecable, elegante, como de portada de revista.
No te imaginas sus manos siempre perfectas, manicura francesa, un aroma suave a muguet, piel limpia y luminosa. Su cuerpo, de verdad, era espectacular un diez. Parecía mucho más joven de lo que era. Tenía ese aire aristocrático, ¿sabes? Incluso su forma de vestir siempre con gusto, estilo, nunca le faltaba un detalle. Y su manera de andar era todo un espectáculo. Ese movimiento delicado y pausado de sus caderas, no puedo olvidarlo nunca.
Te explico el asunto: durante nuestro matrimonio me acostumbré a ese tipo de mujeres, como leonas sofisticadas y orgullosas. Nos separamos por diferencias de carácter, ya sabes cómo es la vida. Y después del divorcio, no he tenido ninguna relación seria. He salido con chicas, sí, en hoteles o alquilando algún piso por una noche, nada más, porque necesitaba a veces, y me daba miedo comprometerme de nuevo y que no funcionara, después de tantos años.
Pero bueno, que el destino siempre tiene algún regalo para todos. Y, mira tú por dónde, el mío vino de la mano de Carmen. Ni lo sospechaba, pero ahí estaba ella la conocí en una exposición en una galería de arte. No era exactamente como mi ex perfecta, pero tenía su encanto. Un toque de clase, pero mezclado con un sarcasmo e inteligencia muy suyos. De esas mujeres que te atrapan por su cerebro más que por su físico. Que sí, la mente de una mujer es lo más atractivo de todo.
Estuvimos saliendo unos meses, normalmente venía a casa. Pero un día decidimos vernos en su piso, y yo me puse bien: compré sus flores favoritas, calas, una botella de buen albariño, unas velas. Cuando llegué a su casa y la vi, todo era bonito, elegante. Me fui al baño y, ahí fue cuando me quedé muerto.
No tenía miles de botes, cremas, perfumes, ni champús de marcas famosas. Solo un gel de ducha barato y un champú sencillo. Ya está. Una mujer así trata mal a sí misma. Admitirás que cuando una mujer dedica tiempo a cuidarse, es porque se quiere a sí misma.
Eso es lo que necesitas en una mujer: que se adore. Y esta no lo tenía. En ese momento me di cuenta de que Carmen no era para mí. Me fui. Y sí, ahora lo sé, encontrar otra leona como mi ex es casi imposible. Prefiero estar solo. ¿Qué quieres que te diga? Así es la vida.







