Marcos estaba a punto de graduarse de la Universidad Complutense de Madrid cuando se le ocurrió de repente la idea de casarse con su primer amor del instituto, Belinda. Belinda era una chica atractiva, pero más allá de eso, destacaba por ser amable e inteligente. En ese momento, ella también estaba terminando su tesis. Los dos jóvenes acordaron casarse tan pronto como finalizaran sus estudios.
Marcos decidió contarle a su madre la noticia de la boda, pero ella no le recibió con alegría. Su madre le dijo que debía casarse con Carmen, la vecina, o con nadie. Le preguntó qué era más importante para él: su carrera o el amor. Ella soñaba con ver a su hijo convertido en un hombre de éxito.
Carmen provenía de una familia acomodada de Salamanca y llevaba tiempo enamorada de Marcos, mientras él estaba encaprichado con Belinda, quien no tenía familia ni reputación. Además, la madre de Belinda tenía fama de ser problemática en el barrio. ¿Que dirán las vecinas?, pensaba la madre de Marcos.
No necesito otra nuera, así que haz lo que quieras, le espetó su madre.
Marcos intentó convencer a su madre durante mucho tiempo, pero ella se mantuvo firme y le advirtió que, si se casaba con Belinda, los maldeciría. Marcos no se atrevió a desafiar a su madre. Él y Belinda salieron juntos durante seis meses, pero poco a poco la relación se fue apagando.
Finalmente, Marcos se casó con Carmen. Ella estaba verdaderamente enamorada de él, pero acordaron no hacer celebración alguna. Marcos no quería que Belinda viera ninguna foto de su boda. Así empezaron a vivir juntos. Carmen era de familia rica y Marcos se mudó al enorme chalé de sus padres en Salamanca. Su familia le ayudó a ascender profesionalmente. Pero la felicidad nunca llegó.
Marcos no quería hijos. Al darse cuenta de que él no cambiaría de opinión, Carmen solicitó el divorcio. Para entonces, Marcos tenía ya cuarenta y tantos años, y Carmen treinta y ocho. Poco después, Carmen tuvo un hijo y halló por fin verdadera alegría.
Marcos soñaba con haber estado con Belinda; intentó buscarla, sin éxito. Era como si Belinda se hubiera esfumado. Un amigo le contó que, tras la ruptura, Belinda se casó con el primer hombre que conoció, pero ese hombre resultó ser un farsante.
Así, Marcos terminó viviendo solo en el antiguo piso familiar de Vallecas, ahogando su tristeza en copas de vino. Seguía mirando la foto de Belinda, y nunca pudo perdonar a su madre por lo sucedido.
La vida le enseñó que cuando uno deja que otros tomen decisiones por nosotros, lo que se pierde es mucho más que una oportunidad: es la propia felicidad.







