El incendio se propagó rápidamente por el establo donde estaban alojados 14 caballos de pura raza, raza percherón. Íñigo, que se encontraba en la casa cuando el rayo cayó, salió corriendo y comenzó a golpear con fuerza la puerta del establo para alertar a los caballos del peligro inminente.
La madre de Íñigo, Carmen Márquez, afirmó emocionada: No creo que ninguno de nosotros estuviera aquí si no fuera por él, recordando cómo su hijo ya había arriesgado su vida entrando en edificios en llamas en otras ocasiones.
El temblor sacudió ventanas y muebles en muchos hogares de Salamanca, aunque afortunadamente no ocasionó daños graves ni provocó heridos.
No hemos tenido un terremoto así en Salamanca desde hace mucho tiempo, quizá nunca, comentó Pilar Serrano, portavoz de Protección Civil de Castilla y León.
Gracias al valor de Íñigo, los caballos de la familia se salvaron de una muerte segura. Lograron empujar a los animales hacia la salida por ese lado, así que aunque el establo sufrió daños, no fue un desastre total.
En la vida, la valentía y el amor por los demás pueden marcar la diferencia entre la tragedia y la esperanza. A veces, un solo acto decidido es suficiente para salvarlo todo.







