Con el paso de los años, los recuerdos de mis padres biológicos se han ido desvaneciendo poco a poco; mi memoria sobre ellos se dispersa y se apaga. Cuando faltaron, yo no tendría más de diez años. Al principio me quedé con mi abuelo, pero él hacía mucho que se había distanciado de su hijo, mi padre. Apenas me conocía, y creo que no le resultaba sencillo criarme, así que finalmente rehusó hacerse cargo de mí y me llevó a un orfanato.
Desde el primer día que llegué allí, diferentes familias acudían a mirarnos, buscando a quién acoger. Sin embargo, siempre decían que yo ya era demasiado mayor, según explicaban las cuidadoras. Hubo una mujer que realmente quería adoptarme. Venía a verme con frecuencia, me traía dulces y pequeños obsequios, y paseábamos juntas por los jardines y plazas de Madrid. Durante meses, luchó por llevarme a vivir con ella, pero lo que más me impactó cuando llegué a su casa fue descubrir, colgada en la pared, una fotografía enmarcada de mis padres.
Mamá Sara enseguida me contó que, en su juventud, había trabajado como mi niñera. Yo apenas era un bebé y ella necesitaba un empleo. Gracias a una agencia, mi madre la encontró y la contrató. Cuando fui creciendo, su ayuda ya no era tan necesaria, pero mis padres continuaron en contacto con ella. Al enterarse del accidente en que fallecieron, quiso auxiliar a mi abuelo, sin embargo, se encontró con que él me había enviado al hospicio. Desde entonces, luchó con dedicación para conseguir mi custodia.
No podría haber deseado una madre mejor. Sara tenía un prometido, y pronto él se convirtió también en mi padre. Fueron padres bondadosos y atentos; aunque durante un tiempo añoré mi antiguo hogar, me rodearon de ternura y cuidados, hasta el punto de que sólo podía pensar en el presente, dejando atrás las penas del pasado.
Conservo muchas fotografías de aquellos años de infancia a su lado, capturando instantes de inmensa felicidad. Realmente fui feliz junto a ellos durante todo ese tiempo. Ahora, al mirar atrás, me reconforta saber que les va bien, que gracias a ellos pude graduarme en la universidad, estar preparada para la vida e incluso tener a quien presentar a mi novio.
Verdaderamente tuve muchísima fortuna de haber crecido bajo la protección y el cariño de unos padres tan extraordinarios.






