Tengo un amigo que se llama David, tío, es listo de verdad. En nuestro grupo, cuando surge algún lío, siempre acudimos a él y nunca le importa ayudarnos. Es el típico en quien todos confiamos. David ya tiene 29 años y la verdad, nunca le había pasado por la cabeza casarse, pero apareció Eugenia. Ella acababa de terminar el bachillerato, tenía 18. Te juro que no pudimos hacer nada, David se quedó pillado y estaba decidido a casarse con ella. Estaban locos el uno por el otro, y aunque había diferencia de edad, eso deja de importar con los años. Si fueran 26 y 37, sería más fácil digerirlo que un 18 y 29. Son diferentes generaciones, tío. Cuando cumples 30, las prioridades te cambian de golpe, la vida parece otra, y a los 18 tienes la cabeza como un torbellino que no se aclara hasta pasados unos cuando años.
Se querían con una pasión que ni el propio destino pudo frenar. Recibieron la bendición de la gente cercana y se casaron. Y mira, no les llamo boda porque no fue lo típico. Eugenia y David se dieron el sí, quiero en el registro civil, luego organizaron una comida en un restaurante con solo los amigos y la familia más cercana. Aquella noche se lanzaron a una aventura en coche por todo Europa. Para mí, esa decisión fue de las mejores que han tomado en sus vidas. ¿Quién necesita banquetes, dramas de borrachera, líos sin sentido y nervios de más? Invierte todo ese dinero y energía en disfrutar a tu manera.
Regresaron renovados y descansados. Al principio, David decía que sentía celos de los amigos de ella, pero con el tiempo lo fue asimilando. Entendió que eran chavales y que, si hacía falta, podía poner todo en su sitio en un par de días. Eugenia seguía yendo a fiestas y cumpleaños de su gente mientras David prefería quedarse en casa. A él le gusta el plan tranquilo, una noche de sofá, manta y charla. Vamos, cada uno en su rollo y se complementan de maravilla.
Llevan tres años casados. David tiene un buen curro, le va bien y gana su sueldo decente en euros, Eugenia estudia y también trabaja un poco. Han tenido peleas y roces como todos, pero nunca ha habido broncas graves. Aún no piensan en niños, quieren mudarse primero a un piso más grande. A veces David tiene que explicarle cosas obvias, pero no le supone esfuerzo y ella lo entiende y acepta. Para Eugenia, el consejo de David es palabra sagrada, y para David, ella es el centro de todo en su vida.






