El cristal trasero estaba hecho añicos y el coche había volcado, quedando boca abajo. Yo estaba consciente, pero no era capaz de mover las piernas.
Más tarde, me enteré de que tenía la pelvis rota en tres partes a causa del accidente. De repente, un coche apareció por la carretera; las luces me iluminaron mientras intentaba hacer señales para pedir ayuda. Conseguí gritar que estaba herida antes de perder el conocimiento por completo. El conductor se dio cuenta de mi situación y frenó en seco. Salió del coche y vino corriendo a ver si estaba bien.
Para entonces yo ya me había desmayado, pero él pudo ver que estaba sangrando mucho de la cabeza y los brazos. Sin dudar, llamó al 112 y permaneció a mi lado hasta que llegó la ambulancia. Gracias a su rápida intervención, logré sobrevivir a esta experiencia aterradora.
No sé cuánto tiempo estuve inconsciente antes de despertar, pero recuerdo que, cuando por fin volví en mí, sentí una presencia inmensa. Una mujer paseaba por el parque con su perro cuando, de repente, cayó al suelo.
Había sufrido un infarto y quedó inconsciente, mientras su mascota se mantenía fiel a su lado, vigilando sin moverse. Pasaron horas hasta que alguien se encontró con ellos y avisó a una ambulancia; para entonces, la mujer ya había fallecido.
He oído historias de perros leales que no abandonan a sus dueños ni en momentos tan difíciles. Un hombre en Salamanca estuvo en coma tres días y su perro, llamado Castaño, permaneció a su lado todo el tiempo, negándose a dejar su cama, ni siquiera por un segundo. La gente del hospital le considera un héroe, demostrando el verdadero significado de el mejor amigo del hombre cuando más se necesita.
Pienso en todo esto y siento que, a pesar de las desgracias, la bondad y la fidelidad pueden abrirse paso, incluso en la noche más oscura.






