La amiga mía celebraba su cumpleaños. Volvíamos mi mujer y yo a casa por la avenida de Salamanca, en Madrid, cuando vimos al lado de nuestro portal un carrito de bebé, y dentro, una niña recién nacida. Nos quedamos helados de la sorpresa. Nosotros no podíamos tener hijos, así que parecía que alguien había dejado a propósito la criatura frente a nuestra puerta, quizás buscando ayuda. Hacía frío esa noche, así que cogimos a la pequeña, la abrigamos y la llevamos en nuestro coche. Llamamos de inmediato a la policía.
Cuando los agentes llegaron, encontraron una nota junto al bebé donde se decía que la niña se llamaba Águeda y se indicaba la fecha de nacimiento. En ese breve tiempo, nos dio tiempo a encariñarnos con ella; incluso sentimos como si ya formara parte de nuestra familia. Tras entregarla a la policía y que la llevaran al centro de menores, decidimos iniciar los trámites para adoptarla. Fue una temporada difícil, nos costó mucho reunir papeles y superar las entrevistas, pero al final recibimos la autorización.
Sin embargo, el día en que íbamos a recogerla, llegaron unos extranjeros en sus coches, reclamando a la niña. Resultó ser su nieta. Más tarde supimos que una joven de otra nacionalidad se había quedado embarazada de un chico también de fuera, y como sus familias no lo aceptaban, ella ocultó su embarazo. Dio a luz, dejó a Águeda junto a nuestra casa y se marchó.
El muchacho la abandonó; sin poder confesárselo a sus padres, su padre acabó descubriendo todo un día que ella se sintió mal. Cuando los familiares se enteraron, decidieron llevarse a su nieta. Hicieron pruebas y no hubo duda: era suya, así que la niña fue devuelta a su familia. Al principio sentimos una enorme tristeza, pero luego ocurrió algo que nunca esperamos: después de mucho tiempo, nos dieron la noticia de que íbamos a ser padres. Pasé meses ingresada en el hospital, pero al fin nació nuestra hija, Blanca.
A día de hoy, seguimos recordando a Águeda. Aprendimos a quererla en muy poco tiempo. Ella, de alguna manera, nos dio fuerzas y esperanza para recibir otro milagro en nuestras vidas.







