Mi madre nunca quiso compartir conmigo la historia de mi vida. De no ser por mis abuelas del pueblo,…

Querido diario:

Nunca he conseguido que mi madre compartiera conmigo la verdadera historia de mi vida. Si no fuera por mis abuelas del pueblo, probablemente jamás hubiera sabido que la mujer que consideraba mi madre no lo es en realidad, y que mi padre era hijo ilegítimo.

Mi padre se casó con una mujer de Madrid, una señora de ciudad que claramente no quería hijos. Cuando nací, él tuvo que llevarme de vuelta al pueblo, a casa de su familia. Al principio me crió la familia de su hermana, junto a mis primos, pero cuando yo tenía más o menos cinco años (la verdad es que apenas guardo recuerdos de esa época), mi padre se separó de su esposa y regresó definitivamente al pueblo. Allí conoció a Bárbara, mi queridísima y auténtica madre, que ha sido mi mayor apoyo. Se casaron porque nadie más quería a Bárbara y sus padres tenían prisa por casarla. A nadie le importaba en absoluto que yo ya estuviera en la ecuación.

Crecí convencido de que Bárbara era mi madre de sangre, simplemente había pasado algún tiempo con mi tía por motivos misteriosos. Mis amigos de la escuela pensaban al principio que era porque mis padres trabajaban tanto en ese tiempo, muchos padres se desvinculaban por trabajo y los hermanos mayores acababan ocupándose de los pequeños.

Cuando cumplí diez años, mi padre abandonó definitivamente el hogar y se volvió a casar por tercera vez, esta vez con alguien de una ciudad bastante alejada de nuestro pueblo. Fue entonces cuando mi abuela y sus vecinas empezaron a murmurar de él, intentando recordar quién era, qué hacía, o de quién era hijo yo realmente.

En aquel momento no entendía mucho, pero al escuchar estos cuchicheos con diez, doce, quince y diecisiete años, acabé dándome cuenta: Bárbara no era mi madre biológica, mi padre me había dejado atrás y jamás encontraría a mi verdadera madre. No echo de menos a mi padre. Sí, a veces me invade la tristeza, claro, pero ahora, con diecinueve años, ya soy un hombre hecho y derecho, tengo trabajo en el aserradero del pueblo y no tengo tiempo para añorar a los que se han ido de mi vida.

Lo fundamental es que mi madre mi verdadera madre, Bárbara sigue a mi lado, haciendo todo por mí, y yo por ella. Esta compleja historia familiar me obliga a ver el futuro con otros ojos, siendo plenamente consciente de cómo quiero ser y cómo no. Y, sobre todo, de los errores que jamás pienso cometer.

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Quiero vivir para mí misma