Una noche, al volver a casa, fui atacada por un hombre: unos dicen que solo quería robarme, pero otr…

Querido diario,

Nunca olvidaré aquella noche en la que volvía a casa por las calles de Madrid y un hombre me atacó de repente. Hay quienes dicen que su único propósito era robarme, pero también circula una versión diferente: que en realidad se trataba de alguien conocido que buscaba venganza, porque mi bolso nunca me lo llegó a quitar y solo perdí la conciencia cuando recibí el golpe en la cabeza.

Tenía un marido, Rodrigo, y dos hijas preciosas, Martina y Carmen, pero desperté sin un solo recuerdo de ellas. Es imposible describir la extraña sensación de miedo y desconcierto al ver cómo unas personas, que parecían completos desconocidos, se preocupaban tanto por mí, me abrazaban y me llamaban cariño o mamá. No lograba recordar nada de ellos. Rodrigo intentaba ayudarme contándome una y otra vez cómo nos habíamos conocido en la universidad, mostrándome fotos y vídeos de nuestra boda. Pero a pesar de todo, seguía sintiéndolo ajeno, y en las fotos, hasta yo misma me resultaba irreconocible. Lo peor era ver a mis hijas y no sentir esa conexión… ¿Qué clase de madre puede olvidar a sus propias hijas?

Me resultaba imposible aceptar la idea de convivir con personas que no conocía y que, sin embargo, parecían amarme profundamente y esperaban con ansía que yo les correspondiera. Todo se torció aún más tras otro episodio traumático. Habían pasado casi dos meses desde el incidente y aún seguía ingresada en el hospital. Aquella tarde, salí del cuarto en busca de una enfermera y, al pasar el umbral de la escalera, tropecé y caí, golpeándome la cabeza contra un escalón. Y fue en ese instante cuando los recuerdos regresaron de golpe, como una ola brutal que me comprimía la cabeza y me dejaba sin aliento.

Vi pasar mi vida completa ante mis ojos: recordé a Rodrigo, a mis niñas, y hasta la primera vez que bebí vino de más en una fiesta universitaria… Después los médicos me explicaron que todo se debía a un edema que había estado presionando parte de mi cerebro, y que ese nuevo golpe había provocado una especie de clic milagroso que desbloqueó todo lo que más amaba.

Rodrigo no paró de llorar al día siguiente; no sabía si debía creerme, pensaba que bromeaba o que intentaba consolarle. Pero esta vez le recordaba de verdad. Lo único que no volvió jamás fue la imagen de mi agresor ni sus verdaderas intenciones.

Nunca he vivido unos meses tan caóticos y confusos; fueron, sin duda, los peores de mi vida. No se los desearía a nadie, y mucho menos a quien me causó todo aquello… Aunque quizá, solo quizá, él sí lo merecía.

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Una noche, al volver a casa, fui atacada por un hombre: unos dicen que solo quería robarme, pero otr…
Vinieron sin regalos de Año Nuevo y se marcharon llevándose casi toda la comida del frigorífico.