Alina y Marcos apenas duraron casados: desde el principio su matrimonio fue un error

Diario de Alfonso, 18 de marzo

Nunca pensé que escribiría algo así, pero supongo que la vida da muchas vueltas que uno no espera. Hace años, me casé con Carmen. No duramos mucho juntos en el matrimonio; la verdad es que nunca debimos habernos casado, todo era un error de base. Solo estuvimos juntos tres años antes de separarnos, aunque tuvimos una hija en ese tiempo.

Después del divorcio, traté de ser un padre responsable y acordamos que, aunque ella no pediría la pensión oficialmente, yo le ingresaría una cantidad fija cada mes en la fecha acordada. Así lo hice durante años, sin falta, porque sentía que debía ocuparme de mi hija, aunque ya no viviéramos juntos.

Pero hace poco, recibí una carta que me dejó de piedra. Carmen exigía que se me retirara la paternidad legal de nuestra hija. ¿Cómo podía ser eso posible? Junto con la carta, venía la prueba de ADN: resultaba que yo no era el padre biológico de la niña. El auténtico padre era un hombre con el que Carmen había estado casada legalmente durante años, solapando las relaciones conmigo y con él al mismo tiempo. Así que, llevaba tiempo engañándome mientras yo pagaba religiosamente cada mes, durante cinco años.

No os voy a mentir, me dolió muchísimo, más de lo que puedo expresar. Pero, con el tiempo, el sentimiento de traición se fue transformando en una necesidad de justicia. He estado pagando por una responsabilidad que no me correspondía. Como la ley permite reclamar la devolución del dinero en estos casos, siempre y cuando exista una prueba de ADN, hoy me encuentro inmerso en un proceso judicial para que me devuelvan lo que entregué todos estos años.

No dejo de darle vueltas a si estoy haciendo lo correcto. ¿Es venganza? ¿Es justicia? A veces pienso que debería seguir adelante y olvidarlo, pero luego recuerdo el esfuerzo y el sacrificio que me supuso cada euro enviado. Supongo que la lección que saco de todo esto es que la confianza no debería darse a la ligera y que, por mucho que queramos cerrar los ojos ante la realidad, antes o después ésta acaba llamando a tu puerta, normalmente en el peor momento posible.

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Alina y Marcos apenas duraron casados: desde el principio su matrimonio fue un error
¿Y el piso, qué? ¡Me lo prometiste! ¡Me estás arruinando la vida!