Un amigo de la infancia estuvo mucho tiempo sin responder mis llamadas. Solo recientemente descubrí la razón de su silencio.

Hace muchos años, cuando aún era joven, mantenía una costumbre entrañable con un buen amigo de mi juventud. Cada fin de semana, nos llamábamos para ponernos al día y contarnos las últimas novedades. Él seguía viviendo en un pequeño pueblo de Castilla, dedicado a los campos, trabajando duro. Era una persona solitaria, sin familia ni otros amigos, y yo procuraba que no perdiera el contacto conmigo.

Hace ya tiempo, unos dos meses atrás, dejó de responder a mis llamadas. Probé una vez, luego otra, y otra más, pero no contestaba. Pensé que estaría ocupado, que algo le habría surgido. Al entrar en el segundo mes, empecé a inquietarme de verdad, pero me convencí de que era joven, apenas tenía cuarenta años; nada grave podía haberle sucedido. Quizá simplemente le cansaba mi insistencia. Por si acaso, le dejé un mensaje en el buzón de voz:

Hola, hace mucho que no me coges el teléfono. ¿Cómo estás? Mira, mis hijos me tienen de los nervios. Mi hija no quiere ir a la universidad, y no sé qué será de ella… Y yo, con tanto papeleo por hacer…

Pasado un poco de tiempo, intenté enviarle otro mensaje:

No habrás cambiado de número, ¿verdad? Qué vergüenza si estoy escribiendo a alguien que ni conozco. Mi hija, al final, irá a la universidad, te lo prometo. Y Julia, siempre ocupada con su familia, ya apenas dedica tiempo a sus padres. Me gustaría ir a verte, pero no puedo. Iríamos a pescar juntos, como antes, y montaríamos una barbacoa. Llámame, a ver si podemos vernos.

Casi dos meses después, mandé un último mensaje de voz:

Espero tu respuesta con muchas ganas. Estoy empezando a inquietarme en serio. Nunca te habías ausentado así. ¿Te fuiste al extranjero y ni avisaste a tu vieja amiga? Echo de menos nuestras charlas. Aún espero que salgamos a pescar, como en aquellos buenos tiempos. Por favor, llámame pronto.

La próxima vez que marqué su número, respondió una mujer. Hace ya dos meses que no está me dijo , su corazón simplemente dejó de latir. Lo enterramos con ayuda del ayuntamiento, no tenía a nadie que se hiciera cargo. Encontré su teléfono hace poco en la casa. ¿Es usted pariente?

Aquello me hizo llorar. Jamás imaginé semejante tragedia. No sabía que ya desde hacía tiempo me faltaba un amigo.

No tuve valor para regresar a aquel pueblo de mi infancia, ni decirle adiós…

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

nineteen − six =

Un amigo de la infancia estuvo mucho tiempo sin responder mis llamadas. Solo recientemente descubrí la razón de su silencio.
«”Mi ex me pidió que le dejara usar la casa de campo con su nueva mujer porque no tenían dónde vivir”. Accedí, pero luego llamé a la policía y presenté una denuncia por allanamiento.»