Un amigo mío, de 42 años, ha encontrado esposa: asegura que es una excelente limpiadora y una cocinera increíble, y que lo demás no le importa.

Conozco a Alejandro desde que éramos chavales. Vivíamos en el mismo edificio y, claro, éramos uña y carne. Cuando nos hicimos adolescentes, juntábamos la pandilla y nos íbamos al centro de Madrid. Allí dábamos una vuelta o simplemente nos sentábamos en un banco a ver la gente pasar. Tomarse en serio lo de las chicas era un concepto tan lejano como el Everest: lo importante era lo que pensaran los colegas, que nadie quedase como un pringao.

Luego a mí me tocó hacer la mili, pero Alejandro, como buen artista, logró escaquearse de alguna manera. Después de la mili, pillé un curro y, poco después, me casé. Estuve con mi mujer diez años y tuvimos dos chavales. Pero un día nos dimos cuenta de que éramos como dos desconocidos que compartían piso. Las discusiones empezaron a ser el pan nuestro de cada día y vimos claro que lo mejor era cada uno por su lado. Así que divorcio al canto.

Ya con el cartel de soltero renovado, pasados dos años, me topo de casualidad con Alejandro. Habían pasado doce años y el tío estaba irreconocible: el bueno de Alejandro se había puesto como el Quico.

Nos sentamos en una terracita a tomar un café (bueno, un cortado), y nos pusimos al día. Resulta que también se había divorciado y andaba buscando nueva compañía femenina. Pasa un año, conozco a una mujer genial y nos casamos. Pues no va a ser menos, otra vez me cruzo con Alejandro, que ya tenía también pareja. La verdad, la suya no me cayó del todo bien: era una señora muy, muy entrada en carnes.

¿Y qué es lo que te gusta de ella? le solté, sin demasiada sutileza, reconozco.

Y Alejandro me suelta tan pancho que es una ama de casa estupenda y que cocina que te mueres.

Y además, me da una paz que ni el retiro espiritual del pueblo añadió. Me deja ver el fútbol y zamparme mis cañas sin quejarse, puedo salir de tapas con los amigos y aquí no ha pasado nada. Vamos, que para mí es la mujer perfecta. Nunca me pone pegas.

Pues claro, me quedé a cuadros. Porque para mí, una pareja es otra historia distinta, o eso pienso yo. Vale que se agradece que la casa brille y que la comida esté sabrosa, pero lo fundamental, al menos para mí, es querernos.

Hay quienes valoran más la limpieza y un buen guisito que otra cosa. Yo lo que quiero es ir a una con mi mujer, que seamos complices, que haya respeto y buen rollo. Tener intereses comunes es oro puro. En casa, mi mujer y yo compartimos el tema de limpiar y cocinar; así, en equipo, lo cotidiano es mucho menos rollo y hasta divertido.

Vamos, que si una pareja va en la misma dirección, como si vas en tándem, las posibilidades de llegar juntos a buen puerto son mucho más altas.

¿A que tengo razón yo?

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

1 × one =

Un amigo mío, de 42 años, ha encontrado esposa: asegura que es una excelente limpiadora y una cocinera increíble, y que lo demás no le importa.
En Río de Janeiro, en uno de esos barrios donde los cables eléctricos se enredan sobre las calles como las venas de la ciudad, vivía Mariana.