Guillermo regresó del trabajo y llevó a casa a su nuera embarazada. Sus padres no recibieron bien la noticia

Mientras trabajaba, Guillermo conoció a Lucía. Se casaron allí mismo, y cuando Lucía se quedó embarazada, él la llevó a casa de sus padres en Toledo. Los padres de Guillermo no se alegraron mucho con la noticia.

La joven tenía muchísimas responsabilidades: cocinaba para todos, lavaba la ropa, limpiaba la casa, ordeñaba la vaca, aseaba el establo e incluso, a veces, cortaba leña. Habitualmente, Lucía hacía tareas consideradas de hombres, pero lo que más le costaba era cuando sus suegros recibían visitas. Normalmente eran al menos siete personas y ella tenía que atenderlas y alimentar a todos.

Preparaba una gran variedad de platos y, en una hora, apenas quedaba nada en la mesa. Llegaba agotada, se sentaba en el borde y se servía una chuleta en el plato. Su suegra la miró y le dijo:

“Lucía, hoy comes demasiado. Con lo menuda que eres y cuánto tragas”, y se echó a reír a carcajadas.

Enseguida, los demás invitados empezaron también a burlarse de Lucía. La joven se levantó de la mesa y se fue en silencio a la cocina. Lloraba amargamente, pues no había comido nada en todo el día. Mientras tanto, su marido permanecía callado, sin defenderla ante las burlas. Desde la cocina, escuchó a su suegra decir:

“Por cierto, ayer me encontré en el mercado con la exmujer de mi hijo. ¡Madre mía, qué suerte que aún me llama mamá! Esa sí que era buena chica, no como esta…”

Cuando los invitados por fin se marcharon, Lucía recogió toda la vajilla y fue a la cocina a fregar los platos. Su suegro la siguió.

Ella permanecía callada junto al fregadero, mientras él la observaba largo rato. Finalmente, dijo:

“Lucía, ¿sabes que te odio?”

A la joven le dolió tanto escuchar eso, que decidió no contestar. Su suegro insistió con la pregunta, y Lucía respondió:

“Lo sé”.

“Es que me resulta muy extraño. Tú aquí lo haces todo, ayudas a todos, nunca has dicho una mala palabra, y aun así te odio. ¿No te parece raro?”

“Supongo que sí…”

Lucía sabía que nada cambiaría tras esa conversación y que todos seguirían burlándose de ella. No comprendía por qué aguantaba todo aquello…

¿Vivirías con un hombre al que no le importa que su esposa sea humillada constantemente? A veces, la dignidad y el amor propio valen mucho más que una casa llena. El respeto hacia uno mismo es el primer paso para cambiar el rumbo de la vida.

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Guillermo regresó del trabajo y llevó a casa a su nuera embarazada. Sus padres no recibieron bien la noticia
El hombre de mis sueños dejó a su esposa por mí, pero nunca imaginé cómo terminaría todo.