Mi suegra se ha hecho bastante mayor. No quiero verla en mi casa, pero no puedo dejarla sola.

Mira, igual suena un poco frío, pero tampoco es que yo hubiera elegido verme en esta tesitura. Mi marido, Álvaro, es hijo único. Sus padres nunca fueron muy encima de él, la verdad, aunque eso sí, hicieron lo que debían: le criaron con cariño, le dieron buena educación y siempre respetaron su espacio. Con mi suegra, Carmen, la relación es cordial, nada del otro mundo pero tampoco hay mal rollo: ni grandes lazos, ni discusiones. Me traía, de vez en cuando, algún detalle, pero nunca se metía en nuestras cosas; vamos, que yo encantada, porque la mujer siempre iba a lo suyo. Y si alguna vez le he necesitado, ahí estaba para echar un cable. Así han ido pasando los años.

Todo cambió cuando Carmen enviudó. Ahora tiene ya más de ochenta años. Sigue siendo una mujer fuerte en su manera, pero cada día está más encerrada en sí misma, se le escapan las lágrimas con cualquier cosa, se le nota la soledad encima. Además, se está volviendo muy quejica y se aburre, y a mí me da cierto apuro, pero no quiero que se venga a vivir a casa.

La cuestión es que si nosotros no la acogemos, habrá que buscarle una cuidadora y pagarle, o recurrir a una buena residencia privada ni hablar de las públicas, y a ver cómo lo hacemos.

Así que nos vemos en el dilema de: o Carmen está con nosotros, o Álvaro y yo tenemos que currar el doble para cubrir los gastos de una cuidadora o una residencia de calidad.

Y la verdad, no quiero a mi suegra en casa, sobre todo porque yo también tengo madre. Mi madre, Rosario, tiene la misma edad que Carmen. Eso sí, mi madre siempre fue muy activa, nunca fue de pasarse con la comida, siempre haciendo cosas, así que se encuentra estupendamente. Pero ya sabes que esto cambia rápido, y si ahora me comprometo con Carmen, ¿qué hago dentro de poco cuando Rosario también necesite ayuda?

¿Y si acabamos con dos abuelas en casa? Nos volveríamos locos, de verdad. Cualquiera que haya cuidado mayores lo sabe.

Y ponernos a sacar adelante el sueldo para dos cuidadoras tampoco es solución

Me da rabia que nadie haya inventado un modo fácil y humano de salir de este lío. Álvaro, como siempre, se ha hecho el remolón, esperando a que yo lo arregle todo.

Sabes, cuando empezamos con la vida adulta, lo damos todo para salir adelante; luego vienen los hijos, nos desvivimos por ellos, y más tarde llegan los nietos. Parece que cuando por fin podríamos vivir un poco para nosotros, aparecen nuestros padres y otros familiares mayores. Al final, toda la vida girando en torno a las necesidades de los demás.

Aun así, sigo negándome a que Carmen se quede en casa. Y ella ya está montando el drama sin ni siquiera haber venido aún…

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

12 + six =

Mi suegra se ha hecho bastante mayor. No quiero verla en mi casa, pero no puedo dejarla sola.
Nunca imaginé que cinco minutos de espera pudieran cambiar mi vida. Pero eso es exactamente lo que sucedió.