Ignacio nunca sospechó que tenía ya 40 años cuando comenzamos a vernos. Si te soy sincera, pensaba que esto iba a ser algo pasajero, pero todo se trastocó y la historia fue demasiado lejos. Ahora hemos decidido casarnos y convivir juntos. No obstante, hay un pero suspira Aurora: Ignacio quiere tener un hijo.
Ignacio tiene 43 años. Se ha casado dos veces ya, pero no tiene descendencia. Su primer matrimonio fue un error absoluto: apenas convivieron unos pocos meses. Pronto comprendieron que no había amor entre ellos y se separaron con cordialidad.
La segunda vez, Ignacio pasó por el registro civil con apenas 26 años. Su pareja de entonces ya tenía una hija. Vivieron juntos nueve años. Él crió a la niña como propia, le dio sustento, la quiso como a una hija verdadera, pero la mujer nunca quiso tener un hijo suyo en común.
Ella temía que Ignacio la abandonara, tal como hizo su primer marido. ¿Adónde iría entonces ella con dos criaturas?
Después del divorcio, su exmujer malviviópagando deudas que no eran suyasy en el embarazo de su hijo, su pareja le parecía perfecto.
Las promesas de Ignacio nunca derritieron el hielo de su corazón. Ella siempre postergó y esquivó el tema, al final acabaron separándose.
Y entonces apareció Aurora. Ignacio se enamoró con tal vehemencia que estaba dispuesto a renunciar a todo. Pero ocurrió que Aurora tampoco quiere tener hijos.
Ella considera que su tren ya partió. No aparenta 40, de eso no cabe duda, pero está convencida de que su cuerpo ya no es el apropiado para la maternidad. Ignacio se enteró hace poco del verdadero número de velas en su tarta. Siempre pensó que Aurora tendría, como mucho, 35.
Ese aspecto tan radiante viene, según ella, de vivir despreocupada, sin cargas. Con un hijo, todo sería diferente.
Aurora teme perder su encanto después del parto. No está dispuesta a noches en vela ni complicaciones. En su juventud nunca soñó con ser madre, y ahora menos aún. El propio pensamiento la asusta y, por eso, no quiere ni oír hablar del tema.
Sin embargo, el temor a perder a Ignacio la consume. Lo ama de verdad, nunca antes ha luchado tanto por un hombre. No está dispuesta a dejarlo marchar. Fue honesta desde el principio: le confesó que no deseaba un hijo.
¡Y mira tú por dónde! Ignacio se ha sacado una solución de la manga. Dice que podría tener un hijo fuera del matrimonio: mantener relaciones con otra mujer que quisiese ser madre y que después, ella criara al niño. Obviamente, Ignacio ayudaría económicamente y formaría parte de la vida del pequeño. Hay mujeres que quieren tener un hijo para sí mismasseguro que alguna aceptaría. Además, Ignacio tiene una buena cuenta en euros, al niño no le faltaría de nadarelata Aurora.
¿De verdad creéis que es una buena idea? ¿Os parecería bien que vuestra pareja, estando casados, tuviese un hijo fuera? No hablamos de gestación subrogada, estoy hablando del método tradicional…
Son adultos, deberían encontrar un término medio para salir de este sueño raro. Así, Aurora podría ser feliz, e Ignacio también. ¿Qué opináis vosotros?







