Una amiga mía no celebra Nochevieja y yo la comprendo. Te cuento por qué.

Mi amiga Inés lleva ya cinco años sin celebrar la Nochevieja. No compra árbol de Navidad, no decora su piso y ni siquiera cuelga luces festivas. Inés tampoco se preocupa por cocinar platos especiales para la ocasión ni por comprar regalos para sus numerosos familiares y amigos. Cuando la gente se entera de esta actitud tan particular frente a la fiesta, suelen quedarse bastante sorprendidos. Sin embargo, mi amiga no padece depresión ni ninguna otra enfermedad, tiene familia y amigos cerca, simplemente, en su momento decidió no celebrar esta fecha y ha mantenido su decisión durante cinco años. Para Inés, el 31 de diciembre no es más que otro día en el calendario; no intenta convencer a nadie de que su postura es la correcta, pero tampoco piensa renunciar a ella.

Al principio, Inés temía pasar la Nochevieja sola. No tenía pareja, sus padres se marchaban de viaje durante esas fechas y sus amigos celebraban en reuniones bulliciosas. Inés se quedó sola en casa aquella noche y, para su sorpresa, no ocurrió nada dramático. Antes llamó a sus seres queridos para felicitarles, se preparó una buena cena y después se dio un largo baño relajante. Fue entonces cuando comprendió realmente el significado de ese dicho tan repetido de que como entres el Año Nuevo, así será todo el año. Esa noche, Inés no gastó energía cocinando ni limpiando, no se sintió apresurada ni agobiada, y pudo descansar y disfrutar de su propia compañía, sin necesidad de fiestas ni de alcohol.

Tras las fiestas, Inés descubrió otra ventaja de su elección: la Nochevieja ya no suponía un agujero para su presupuesto. Entre el árbol, los adornos, la comida especial e incluso los regalos, se gastaba bastante dinero. Pero si no celebras la fiesta, todas esas partidas desaparecen sin más. Todo ese dinero lo pudo ahorrar o gastar en otras cosas más significativas para ella.

También ahorra mucho tiempo al no tener que cocinar en exceso ni hacer limpieza exhaustiva. Las horas empleadas preparando el peinado y la ropa especial para la noche desaparecieron de su agenda. Muchas veces, las anfitrionas se sentaban a la mesa cerca de la medianoche, exhaustas después de tanto preparar, y apenas soñaban con lo que les depararía el nuevo año.

Inés dejó atrás también las compras interminables de regalos. Ya no necesita empujarse entre las multitudes en las tiendas, ni vaciar su nómina en detalles para un sinfín de parientes y conocidos. Si uno suma los gastos de regalos en las fiestas para una gran familia o grupo de amigos, a veces sale más barato viajar durante esas fechas a algún lugar soleado. Al final, se puede celebrar cualquier día, y aprovechar el final de año para hacer balance personal y pensar en el futuro.

En muchos aspectos, Inés tiene razón y muchos que escuchan sus razones hasta el final acaban dándole la razón. Por desgracia, pocos se atreven a preguntarle con respeto; la mayoría juzga de inmediato o busca razones ocultas, como si simplemente no tuviera dinero para celebrar.

Inés no hace caso de las críticas. Si en el futuro tiene hijos, le gustaría organizarles una pequeña fiesta, ponerles el árbol y comprarles regalos, pero su opinión sobre la Nochevieja no ha cambiado. Cada uno debe decidir cómo y cuándo despedir el año y dar la bienvenida al siguiente. Si te apetece, puedes convertir cualquier día en una celebración.

En mi caso, suelo tener una gran pandilla para Nochevieja y disfruto prepararla, pero comprendo perfectamente a Inés. Si algún año estoy sola, no creo que me eche a llorar; preferiría aprovechar el día para descansar y relajarme tranquilamente.

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