Recuerdo aquel tiempo, hace muchos años, cuando Clara se encontraba en su último año de universidad en Salamanca y resultó estar embarazada. No se lo contó de inmediato a su novio, Gonzalo, quien lo descubrió cuando ya llevaba cinco meses de embarazo.
¿Por qué no me lo dijiste antes? Sabes que siempre he creído que no deberíamos tener hijos hasta haber terminado la carrera y estar asentados le recriminó Gonzalo.
No pasa nada replicó Clara con serenidad. Siempre he sentido que los estudios no son lo mío. Yo sueño con tener una familia grande.
Gonzalo, enfurecido, tiró el libro que tenía entre las manos contra la mesa.
Saldré adelante, viviremos en el piso de tu abuela. Ella se encargará de cuidar de sus nietos continuó Clara resuelta. Y después, tendremos otro hijo. Pero primero, deberíamos casarnos cuanto antes.
¿Te estás escuchando? Todo este tiempo haciéndote pasar por la más amable. Gonzalo sacó su maleta y empezó a meter sus cosas.
¿Por qué te vas? Debes casarte conmigo. Si te marchas, te avergonzaré delante de toda la universidad.
No pienso seguir viviendo aquí contigo. Quédate tú sola un mes y luego haz lo que quieras. Cuando nazca el niño, haremos una prueba, pagaré la manutención.
Una década más tarde, Gonzalo trabajaba en una oficina en Madrid. El jefe del departamento, al enterarse de que tenía un hijo, le preguntó:
Gonzalo, ¿hablas alguna vez con tu hijo?
No, la verdad es que ni siquiera lo conozco confesó Gonzalo.
Decidió contar su versión de la historia a sus alumnos, sobre cómo una chica le había engañado.
¿Así que la dejaste sola con el niño? preguntaron.
No la abandoné. ¡Le ayudé enviándole dinero! se indignó Gonzalo.
Y ella asegura que sólo le diste unas monedas. Sí, y también pegaste al crío añadió el jefe en tono sarcástico.
Gonzalo, molesto porque siempre advirtió a la muchacha, decidió calcular la pensión alimenticia del niño según su salario oficial, y resultó ser menor de lo que pagaba antes. Clara, mientras tanto, llevaba un año casada; aunque, según Gonzalo, había criado a un hijo tan travieso como ella misma.







