Anna nunca disfrutaba volver a la casa en el pueblo, siempre buscaba regresar rápido a la ciudad. Procuraba visitar a sus padres lo menos posible. Más tarde, Anna se casó y dejó de ir por completo. Pero después murió su padre, y más tarde su madre enfermó, así que Anna volvió a casa.

El caserón estaba bastante deteriorado, con un jardín y un huerto que llevaban mucho tiempo sin cuidar. Todo el sitio olía a humedad y estaba sin recoger. Su madre, Carmen, estaba en la cama, enferma. Estrella habló un rato con ella, después le dio la medicación y decidió ponerse a limpiar un poco la casa, sobre todo porque sabía que iba a quedarse allí hasta que su madre estuviera mejor.

En el salón hacía frío, la chimenea no se encendía desde hacía meses y había telarañas por todos lados. Pero en una esquina, la lámpara estaba encendida y de repente Estrella sintió un calor de hogar, le vinieron a la mente recuerdos de su infancia. Luego se preparó una taza de té y se sentó a mirar viejas fotos junto al crepitar de la leña. Todas las fotos estaban descoloridas, muchas tenían un aire triste. Eran todas en blanco y negro, ahora nos acostumbramos a fotos coloridas que lucen muchísimo mejor.

Después, Estrella se fijó en las imágenes de santos que colgaban en la pared. No era muy religiosa, pero creía en Dios. Los cuadros eran antiguos. Uno mostraba a su patrona, Santa Estrella, que la miraba como si le reprochara algo. Ella apartó la mirada, sintiéndose algo incómoda.

Por desgracia, la salud de su madre no mejoró como Estrella esperaba. Cuando llegó el momento del funeral, tocó decidir qué hacer con la herencia. Estrella ya había encontrado compradores para la casa y pensó en donar el resto de los muebles y objetos. Pero cuando llegó el turno de los cuadros, sintió una punzada en el corazón. Sin embargo, su marido, Joaquín, que era un ateo convencido, no quería llevarlos a su casa. Así que Estrella decidió llevarlos a la iglesia del pueblo.

Allí habló con el cura, don Enrique, un hombre sabio que le aconsejó no dejarlos allí. Esto es lo único que te queda de tu madre y tu padre, la única memoria, deberías quedártelos, le dijo. Por cierto, a Santa Estrella suelen rezarle quienes desean tener hijos. ¿Tienes niños?, le preguntó cariñosamente. No, respondió ella. Quizá esto sea una señal.

Estrella volvió a casa con los cuadros, pese a la oposición de Joaquín. Ella y su marido seguían sin hijos, aunque Estrella tenía ya 35 años. Medio año después, Estrella se quedó embarazada.

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Anna nunca disfrutaba volver a la casa en el pueblo, siempre buscaba regresar rápido a la ciudad. Procuraba visitar a sus padres lo menos posible. Más tarde, Anna se casó y dejó de ir por completo. Pero después murió su padre, y más tarde su madre enfermó, así que Anna volvió a casa.
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