Desde hace aproximadamente un año, mi hijo vivía con Laura, pero no conocía a sus padres. Esto me resultaba extraño, así que decidí investigar.

Siempre he procurado educar a mi hijo con el principio fundamental de que, por encima de todo, debe respetar a las mujeres: a su abuela, a su madre, a su esposa, a su hija… Para mí, esa es la mayor virtud que puede tener un hombre: el respeto hacia las mujeres. Junto a mi mujer, le hemos dado a nuestro hijo una educación excelente, oportunidades de sobra y todas las herramientas necesarias para forjarse un futuro brillante por sí mismo. Nuestra intención era que llegara el momento en el que no necesitara ayuda, pero aun así terminamos comprándole un piso de dos habitaciones. Mi hijo trabajaba, se mantenía sin problemas, pero no le alcanzaba para comprarse una vivienda propia.

Decidimos no regalarle el piso de sopetón, ni siquiera le hablamos de la compra al principio. ¿Por qué? Pues porque nuestro hijo vivía con una chica, y esa era la razón. Llevaba casi un año conviviendo con Alba, pero no conocíamos a sus padres, lo cual siempre me resultó un poco extraño.

Tiempo después descubrí por una conocida, que resulta que era vecina de juventud de la madre de Alba, ciertos detalles que me dejaron bastante inquieto. Se ve que la madre de Alba echó al padre de la casa cuando él empezó a ganar menos dinero del habitual, pero eso era solo el principio del disparate. Tras separarse, la madre empezó una relación con un hombre casado, aunque con buen pasar económico, quien hacía el papel de figura paterna para Alba. Sobre el padre pues la abuela de Alba tampoco se quedaba atrás. Ella también mantenía una relación con un hombre casado y, además, tenía la costumbre de arrastrar a su hija y a su nieta a la casa del pueblo para ayudarla con las tareas. Esto ya había provocado varias discusiones entre mi hijo y su futura suegra. Pero lo que más me afecta de todo esto, es cómo la madre y la abuela manipulan a Alba en contra de su padre.

A la vista está que la muchacha tiene un apego fuerte por su padre, pero por culpa de esas dos mujeres, la relación entre ellos está en la cuerda floja. Y por si fuera poco, ahí va el remate: Alba decidió dejar sus estudios universitarios porque piensa que es obligación del hombre mantener a la familia. Que conste, yo creo lo mismo; siempre he preparado a mi hijo para eso, pero que Dios no lo quiera, si le llegan dificultades, ¿qué hará? ¿Qué respaldo tendrá? ¿Cómo le va a ayudar Alba a mi hijo en esa situación? Por cierto, finalmente puse el piso a mi nombre, porque sé de sobra que he criado a un chaval honesto, de los que llaman cándidos. Por mucho que en España lo que se compra antes del matrimonio no se reparte tras el divorcio, Alba es tan espabilada que podría dejar a mi hijo, como se suele decir, en calzoncillos.

Hoy, tras revisar lo que hemos vivido, he aprendido que educar con valores es esencial, pero también hay que enseñar a los hijos a protegerse y a elegir bien a quién dejan entrar en sus vidas.

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