Mira, te cuento lo de Clara, que se quedó viuda muy joven y tuvo que sacar adelante sola a sus dos hijas, Lucía y Alba. Te juro que jamás le oí quejarse, ni una sola vez. Las niñas no lo tuvieron todo, pero nunca les faltó lo importante y, lo fundamental, las dos pudieron estudiar bien gracias a los dos trabajos que Clara se echaba encima para pagar la universidad.
Un día, Lucía, la mayor, apareció con un chico y soltó: Mamá, este es mi futuro marido, pero no tiene dónde vivir. Al poco, tuvieron un bebé y hubo que cederles una habitación; Clara pasó a vivir con Alba en el otro cuarto.
Al principio, Clara pensó que era algo pasajero, que la pareja encontraría pronto un piso propio y todo volvería a la normalidad. Pero ni Lucía ni su marido, Javier, hacían mucho por independizarse. Allí estaban, con el techo asegurado y la nevera siempre llena, porque encima Clara se ocupaba de cocinar para todos.
Pero ningún agradecimiento, solo problemas y broncas. Alba se negaba a limpiar el baño después de Javier, decía que no era su responsabilidad. Lucía se excusaba diciendo que, con el bebé, no tenía tiempo para nada. Y Javier, el yerno, defendía que sacar la basura o lavar los platos no era cosa de hombres, así que pasaba el día delante del ordenador.
El ambiente se volvió tan pesado que Clara ya ni quería volver a casa. Cuando le sugirió a Lucía que eran hora ya de buscarse un alquiler, la hija le soltó: Pues estamos ahorrando para la hipoteca, ¿de dónde vamos a sacar el dinero? Y así se quedaron.
Lo peor fue cuando Alba llegó con su novio y, sin más, dijo: Mamá, él es de Sevilla, va a quedarse aquí a vivir. Clara pensó: ¿Dónde, en la cocina? Pero Alba, tranquilita, explicó que la cocina era incómoda, pero si Clara se mudaba allí, ellas podrían quedarse con el cuarto.
En ese punto, Clara ya no pudo más. Se dio cuenta de que nadie tenía en cuenta lo que ella sentía ni pensaba.
Así que les puso un ultimátum: Tenéis dos semanas para buscaros otra casa. Las hijas se lo tomaron fatal, le juraron que no la dejarían ver a sus nietos, le dijeron que se quedaría sola cuando fuese mayor.
Pero Clara se mantuvo firme. Para sufrir así después de tantos años, ¿qué recompensa había por todo ese esfuerzo? Es hora de que cada una se buscase la vida.
Y ahora, fíjate: hoy es el cincuenta cumpleaños de Clara. No sabe si sus hijas vendrán.
¿Tú qué piensas? ¿Crees que hizo bien echándolas? ¿Qué harías tú en su lugar?







