La rubia gritó a su abuela, quien no sabía cómo reaccionar. Un minuto después, salió del edificio un respetable caballero con traje.

Mira, te cuento lo que pasó una mañana: Justa, que antes fue profesora de matemáticas, se despertó súper ilusionada porque era el cumpleaños de su querida amiga Carmen. Ellas siempre habían trabajado juntas en el mismo colegio de Madrid, casi cuarenta años, y eran como dos golondrinas pegadas, inseparables. Justa cuidó todos los detalles: planchó su blusa favorita y una falda bonita, todo para ir elegante ese día tan especial. Se vistió con cariño y salió de casa.

Poco antes había llovido y estaba todo lleno de charcos por el barrio. Justa fue a la tienda de la esquina y compró un roscón y un ramo de flores. Pero justo al salir, pasó un coche rapidísimo, conducido por una rubia muy arreglada, y de las ruedas salió una ola tan grande que parecía el Cantábrico en tormenta. Justa acabó empapada, la falda, las flores y hasta el roscón llenos de agua sucia, ¡qué mala suerte!

La rubia paró el coche y bajó la ventanilla, y con mucha soberbia le soltó: Perdona, pero a estas horas las abuelas deberíais estar en casa y no meteros donde hay charcos, ¡yo tengo cosas importantes que hacer! ¡Qué vergüenza! ¿Vergüenza de qué? contestó Justa. ¡De ir por donde no debes, que has pasado tú misma por el charco, es tu culpa!

Mientras discutían, salió de un portal un señor muy elegante, con traje y corbata. La rubia enseguida se puso en modo simpática, sonriendo de oreja a oreja, y el hombre preguntó: ¿Qué ha pasado aquí? Don Manuel, esta señora se ha apoyado en mi coche y ahora me culpa a mí, dijo la rubia. Justa miró al hombre y le dijo: Manuel, ¿eres tú? Resulta que Don Manuel había sido alumno de Justa hace muchísimos años, ¡quién lo iba a decir! Enseguida quedó claro que la rubia, que era la secretaria de Manuel, estaba mintiendo y que le faltaba el respeto a las personas mayores.

Manuel, con voz seria, le dijo: Por favor, pide disculpas a mi maestra favorita. La secretaria intentó arreglarlo inventando otra mentira: No, la ha mojado otro coche y yo solo me paré para ayudarla. Manuel ya harto, le soltó: Está usted despedida. No quiero en mi equipo a alguien así.

Manuel acompañó a Justa hasta su piso, esperó a que se cambiara de ropa y le compró unas flores nuevas y un gran roscón de Reyes. Juntos fueron a celebrar el cumple de Carmen, que también había sido profesora suya. Y allí, entre historias y risas, celebraron la vida y la amistad como solo se hace en España.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

nine + 11 =

La rubia gritó a su abuela, quien no sabía cómo reaccionar. Un minuto después, salió del edificio un respetable caballero con traje.
¡No te preocupes, mamá! Ella no recibirá ni un céntimo,” presumió su marido, sin saber que su esposa lo estaba escuchando a escondidas.