Este es mi amuleto susurró Carmen en voz baja. Nunca me separo de él. Y la niña en la foto soy yo, cariño. ¿No me reconoces?
Increíble murmuró Javier, mirando a su esposa con asombro.
Antes de casarse, Carmen y Javier nunca habían vivido juntos. Carmen había ido alguna vez al piso de su futuro marido, pero cuando él le proponía mudarse, ella siempre se negaba.
Vamos a esperar un poco le decía siempre. No quiero disgustar a mi madre. Ya sabes que es un poco chapada a la antigua.
Y Javier pues esperaba.
Por fin su flamante esposa hizo las maletas y se instaló en su casa.
Y, claro, empezó inmediatamente a ponerlo todo patas arriba. Además, había que encontrar espacio para sus cosas. Todo esto les llevó varios días.
Carmen iba a toda velocidad. Se acercaba la Nochevieja y quería que su primera fiesta juntos saliese a pedir de boca.
Javier, ¿tienes árbol de Navidad? preguntó, por si acaso, para no acabar comprando uno de más.
Espera, que miro arriba del armario. Yo diría que hay algo por ahí. Aunque fíjate, ni me acuerdo de la última vez que lo pusimos
Javier se subió en una silla. Carmen, desde luego, ahí arriba ni de broma llegaba.
Tiró del árbol hacia sí, y de pronto, junto a las bolas y espumillón, calló al suelo un álbum de fotos.
¡Ay, qué curioso! ¡Vamos a verlo! Carmen se sentó enseguida en el suelo y abrió el álbum, polvoriento y lleno de fotos antiguas.
Son fotos del colegio, ya ni me acordaba de ellas Javier se dejó caer a su lado.
¿Del cole? ¡Genial! ¿Saldrá alguien a quien conozca? Carmen había estudiado en el mismo colegio, aunque siete cursos después.
Lo dudo mucho, a ver cómo van a salir tus amigos en mi álbum… Si aún llevabais pañales.
Aun así, me hace gracia mirarlas. Al fin y al cabo, el cole era el mismo
Y empezaron a pasar páginas. Javier le explicaba quién era quién, entre recuerdos y anécdotas de profesores con mala leche y compañeros que hicieron historia por alguna trastada.
Diez años han pasado y, mírame, me parece que fue ayer decía, sorprendido.
Claro, es la época más despreocupada comentaba Carmen.
¡Mira! ¡Papá Noel! exclamó de pronto Carmen, levantando una de las fotos.
¡Ah, sí! Eso fue en COU. Mi tutora me estuvo persiguiendo un mes para que hiciera de Papá Noel ese año.
¿Y quién es esta? preguntó Carmen, señalando a una niña que posaba junto al Papá Noel y miraba a Javier con una cara que parecía estar tramando algo.
¿Esa? Ni idea. Recuerdo que al final de la fiesta, cuando ya me estaba quitando la barba y el gorro, apareció la jefa de estudios y me pidió que me volviera a disfrazar para escuchar a una niña.
Parece ser que no le había dado tiempo a recitarle el villancico a Papá Noel y quedarse sin regalo.
¿Y le escuchaste?
Pues sí. ¿Qué iba a hacer? Me dio penilla la cría. Así que, otra vez, el disfraz, la barba y a hacer el paripé.
¿Y recuerdas qué le regalaste a la niña?
¡Qué va! Ese día repartí regalos como si fueran churros.
Mira dijo Carmen, poniéndose de pie para recoger un osito de peluche marrón claro, que siempre tenía en su escritorio junto al ordenador. ¿No te suena de algo?
Javier miraba a Carmen, sin pillar a qué venía todo ese misterio.
Es mi amuleto dijo ella en voz baja. Nunca me separo de él. Y la niña de la foto soy yo, amor. ¿Todavía no caes?
No me lo puedo creer susurró Javier, boquiabierto.
Yo entonces estaba en tercero de primaria empezó a contar Carmen. Antes de Navidad me puse enferma y no pisé el cole en dos semanas.
Así que llegué a la fiesta sin haber ensayado ni nada. Todos bailando y pasándolo pipa, y yo como un florero, pegada a la silla y lloriqueando.
La jefa de estudios me vio, me consoló, y me llevó por el pasillo. Me dijo:
Quédate aquí. Ahora va a pasar algo mágico.
Y se fue. Y yo, sola, esperando el milagro. De repente, apareció Papá Noel de la nada. Me pidió el villancico y, a duras penas, se lo recité entre pucheros. Me acarició la cabeza, me dijo que todo iría bien y me regaló este osito.
Luego, se esfumó tan deprisa como llegó.
Así que, Javier, tú eres mi Papá Noel personal. Y nosotros, sin enterarnos
Todavía se quedaron un buen rato abrazados en silencio, intentando asumir lo raro y maravilloso que puede ser el destino
Dad un me gusta y contadme en comentarios, ¿quién fue vuestro Papá Noel de sorpresa?







