Cuando entré en la cafetería donde siempre solíamos vernos después del trabajo, vi sobre la mesa una pequeña foto… la misma foto que le había regalado a mi mejor amigo hace años.

Recuerdo aquella tarde en Madrid, cuando entré en la cafetería donde solíamos quedar después del trabajo. Todo parecía igual, salvo por un pequeño detalle: sobre nuestra mesa habitual yacía una foto antigua la misma que le había regalado a mi mejor amigo hacía años.

Al principio pensé que era una casualidad. Era una imagen de unas vacaciones veraniegas en la Costa de Cádiz: aparecíamos mi exmujer y yo, sonrientes en la orilla del mar. Se la había dado a mi amigo después del divorcio, porque en esos días grises fue quien me sostuvo.

Pero allí estaba la foto, esperando junto al café. Había sido rasgada en dos.

Me senté despacio, recogiendo ese trozo de mi pasado. Solo quedaba mi parte. La de ella faltaba.

Justo entonces, alguien se detuvo a mi lado.

Levanté la vista y vi a mi amigo.

Parecía incómodo, inquieto.

¿La has visto? susurró.

¿El qué debería haber visto? respondí.

Me señaló la imagen entre mis dedos.

Eso. La ha dejado ella.

Sentí una punzada en el pecho.

¿Quién?

No contestó de inmediato. En ese momento, la puerta del local se abrió.

Era ella, mi exesposa, a la que no veía desde hacía más de un año.

Se detuvo al verme y posó luego la mirada en mi amigo.

Entonces lo comprendí todo.

Miré a uno y a otro.

¿Desde cuándo? alcancé a preguntar.

No hicieron falta palabras. El silencio de ambos lo dijo todo.

Apreté la foto en la mano.

¿Por eso desapareciste durante el divorcio?

Mi amigo suspiró.

No queríamos que pasase así.

¿De verdad?

Mi exmujer se acercó a la mesa.

Queríamos decírtelo dijo con voz baja.

¿Y cuándo pensabais hacerlo? ¿Dentro de otro año?

Ella bajó la mirada.

Nunca quisimos herirte.

Observé a mi amigo. Él había estado a mi lado incluso el día de mi boda. Él fue el hombre en quien confié cuando todo se rompió.

¿Sabías que estoy aún intentando recomponer mi vida? le pregunté.

Asintió despacio.

Sí.

Entonces solté una ligera risa amargada.

Decidisteis que hoy era el mejor momento.

Mi exesposa señaló la foto desgarrada.

Por eso te la he devuelto.

Miré la imagen una vez más.

¿Por qué?

Porque esa parte ya no existe.

Sus palabras me golpearon con una fuerza inesperada.

Me levanté de la silla.

Dejé la foto sobre la mesa, y luego hice algo que ninguno vio venir. Empujé la parte que faltaba de la foto hacia ellos.

Quedaosla.

Ambos me miraron, confusos.

¿Por qué? musitó mi amigo.

Los miré en silencio.

Porque, por lo visto, esa parte de mi vida ahora os pertenece.

Me fui hacia la puerta de la cafetería. Al llegar al umbral, me giré una vez más.

Allí seguían, de pie junto a la mesa, contemplando el fragmento de fotografía.

Esa misma noche supe algo más curioso. Ya no seguían juntos.

Después de nuestra conversación, “mi amigo” descubrió que no era el único con quien ella estaba.

A veces el destino devuelve lo que damos más rápido de lo que imaginamos.

Aun así, sigo preguntándome algo…

¿Hice bien en marcharme y dejarles la verdad sobre la mesa?

¿O simplemente yo era el ingenuo, o es que ellos hace tiempo que se acostumbraron a mentir mejor?

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

thirteen − ten =

Cuando entré en la cafetería donde siempre solíamos vernos después del trabajo, vi sobre la mesa una pequeña foto… la misma foto que le había regalado a mi mejor amigo hace años.
Mientras trabajaba, mis padres movieron las cosas de mis hijos al sótano con la excusa: ‘Nuestro otro nieto merece mejores habitaciones’.