¿De verdad necesita una mujer un hombre después de los 60 años?
Pues, sinceramente, yo creo que no hace ninguna falta. Y no lo digo por decir, es una conclusión bien pensada. Cuando un hombre pasa de los 60, la mayoría no busca exactamente una compañera para vivir grandes aventuras, sino más bien aspirarían a una enfermera y niñera particular. Una mujer que les alegre la soledad, les salve del aburrimiento. Pero resulta que muchas mujeres, cuando alcanzan esa edad dorada, están más vivas que nunca. Les apetece irse de vacaciones, recorrer España (o hasta el extranjero si hay ganas y euros), aprender algo nuevo, intentar todo lo que la vida les tuvo en la lista de espera. Y claro, si hay nietos porque algún hijo se animó, también apetece mimar a esos pequeñajos de vez en cuando.
A las mujeres maduras no les hace falta un hombre, sino una buena amiga, una aliada de fiar con la que lanzarse a descubrir algún rinconcito de Salamanca, perderse en un espectáculo de flamenco, o quedar para largas charlas con café y churros. Digámoslo claro: un hombre jubilado no suele ser precisamente la compañía más animada. Así lo veo yo, vaya. Obviamente, existen esas mujeres que no imaginan la vida separadas de un hombre. Da igual que tengan 20, 30 o 60 años. Recorren la vida como si fuera una gymkana eterna de búsqueda masculina. Son inconfundibles.
La ves de lejos: arreglada, llamativa, como si fuera a una boda cada día, mirando a todos los hombres como lo haría un perrito abandonado, con esos ojillos de llévame contigo, por favor. Supongo que los hombres, en el fondo, las perciben y salen huyendo si pueden. Mi opinión es que los 60 marcan ese punto de tu vida en el que toca respirar hondo, dejarse de prisas y simplemente vivir. Nada de perseguir pareja, nada de dramas innecesarios. Hay que quererse un poco, regalarse tiempo y disfrutar. Así, la vida es mucho más armoniosa y, os lo garantizo, la calidad mejora aunque no lo paguen en euros.






