Diario de Lucía, sábado por la noche
A veces me pregunto cuánto puede decirte una simple frase en el perfil de alguien en una web de citas. No hablo de una foto junto a un coche de alquiler, ni de esos listados de exigencias que parecen un BOE sentimental. Esas frases cortas, lanzadas con desgana, suelen ser las más sinceras.
«Busco mujer sin problemas económicos».
Esa frase fue la que me llamó la atención mientras deslizaba perfiles aburrida la tarde del sábado. En la foto aparecía un hombre normal, ni guapo ni feo, una expresión tranquila, camisa planchada. Pongámosle el nombre de Sergio y digamos que tenía 45 años.
Normalmente paso de largo ante ese tipo de mensajes. Traducido al idioma femenino suelen significar: “No quiero gastarme un euro y espero que seas tú la que invite siempre”. Pero aquella noche la curiosidad me pudo. Me pregunté qué había detrás de esa petición tan concreta, y más viniendo de un hombre que, siendo honesta, parecía absolutamente corriente.
Esa curiosidad, que tantas veces conduce a desastre, en esta ocasión me sirvió de material para pensar y escribir. Quedamos para vernos.
Primera impresión: orden y ansiedad camuflados
Sergio me propuso quedar en El Retiro. Un clásico cuando no quieres gastarte un dineral en cafés en una primera cita. A mí me pareció bien; adoro pasear y el día estaba frío pero soleado.
Llegó al segundo. Ni antes, ni después. Al principio me pareció buena señal, pero luego entendí: no era puntualidad del seguro de sí mismo, sino disciplina casi escolar. Me esperaba en la puerta del parque, espalda recta, pantalones de pinzas perfectamente planchados, peligrosamente afilados.
Buenas tardes dijo, echando una mirada fugaz (pero experta) a mi abrigo y bolso, como quien inspecciona etiquetas para cazar posibles “problemas económicos”.
Paseamos entre las hojas caídas. Diez minutos hablando del tiempo, del tráfico, del estrés de la ciudad. Sergio se expresaba con educación, casi con frases sacadas de libro, pero tras sus palabras percibí algo extraño, como si esperara continuamente mi aprobación, como quien se disculpa antes de abrir la boca.
Entrevista para el puesto de mujer conveniente
Pasada la cortesía, Sergio fue directo al grano. Sin rodeos, como quien saca una ficha de datos.
¿A qué te dedicas?
Soy jefa de administración en una empresa de transporte.
Estupendo. Seguro. ¿Casa propia o hipoteca?
Casi tropiezo. Estas preguntas suelen reservarse para después de dos copas de vino, no para el minuto quince de paseo.
Propia mentí, solo para ver adónde quería llegar.
Maravilloso se relajó notablemente. Es que hoy en día… Muchas buscan un hombre para que les solucione la vida: préstamos, deudas, hipotecas. Yo creo que hay que empezar la relación en igualdad de condiciones.
A simple vista, parece lógico. ¿Quién rechaza una relación equilibrada? Pero el demonio, como siempre, está en los detalles.
¿Y tú? pregunté. ¿Vives solo?
Y entonces dijo esa frase que habría hecho a cualquiera salir corriendo, pero mi vena periodística me obligó a quedarme.
No, vivo con mi madre. Es lo más sensato. ¿Para qué pagar alquiler si tenemos un piso grande en Chamberí? Además, mi madre ya es mayor, no está para vivir sola.
Cuarenta y cinco años, viviendo con mamá.
¿Y cómo os organizáis en casa? me atreví a indagar.
Mi madre es de otra generación su sonrisa era mucho más cálida que cualquiera que me dedicara a mí. La cocina es cosa suya y lo hace fenomenal. Yo ayudo: bajo la basura, voy al mercado si me lo apunta en la lista. Tenemos nuestros roles definidos.
Si me lo apunta en la lista, anoté para mis adentros.
El modelo de gestión familiar del niño de mamá
Caminamos hasta una caseta de café. Me paré y Sergio dudó unos segundos.
¿Te apetece un café? preguntó, como si le estuviera proponiendo invertir en bolsa.
Dije que sí, un capuchino.
Aquí seguro es caro… miró de reojo los precios. En casa tenemos una cafetera estupenda; suelo traerme café en termo, pero hoy se me olvidó. Bueno, vamos allá. ¿Pequeño, verdad?
Me compró el capuchino pequeño. Para él, nada.
Ya tomé café en casa murmuró.
A continuación, charla sobre su filosofía de mujer sin problemas. Para él significaba una mujer 100% independiente, capaz de instalarse en su bien montado mundo, sin pedir, sin molestar.
No entiendo por qué las mujeres tenéis esa obsesión con el dinero reflexionaba. Mi ex era igual: que si mudarnos, que si vacaciones, que si cambiar el coche. ¿Para qué? Si el coche anda y el piso está bien, ¿para qué más? Vivimos mi madre y yo tranquilos, siempre con ahorros.
¿Y tu madre no pondría pegas si te casas? fui directa.
¡Qué va! Encantada estaría. Siempre dice: Sergito, tráeme una buena chica, que ya no puedo fregar el suelo sola.
En ese momento el puzzle encajó.
No busca pareja. Buscan, él y su madre, un relevo generacional.
La madre envejece y ya no puede ocuparse de todo: los guisos, las camisas, los suelos del piso grande… Necesita ayudante, a poder ser sin problemas económicos, para no repartir presupuesto.
Recado desde el centro de mando
En pleno discurso sobre ahorro en la factura de la luz, suena el móvil. Sergio pega un respingo.
Dime, mamá. Sí, estoy en el parque. Sí, con la chica de la que te hablé. No, no tengo frío, llevo bufanda. ¿Las croquetas? Vale. ¿Vuelvo en una hora? Perfecto. ¿Que compre mantequilla La Asturiana? Entendido.
Colgó y sonrió con culpa.
Mi madre, que se preocupa. Quiere que esté en casa para la cena.
Miré el reloj. Eran las cinco de la tarde.
Sergio le dije al detenerme, ¿no has pensado que una mujer sin problemas económicos quizá quiera vivir a su aire? ¿Sin madre de por medio? ¿Viajar, cenar fuera a veces?
Se quedó perplejo.
Pero si tenemos piso… ¿qué sentido tiene vivir separados? No es lógico. Y lo de los restaurantes, pues… Para eso está la comida casera. Una mujer debería valorar el calor del hogar.
Quién manda de verdad
Me despedí con educación y me fui a casa pensando en lo visto.
Estos hombres parecen solo ahorradores, o hijos devotos. Pero el fondo es otro. Sergio no manda en su vida. Vive bajo las reglas de su madre y las llama las suyas.
Busco mujer sin problemas económicos, en su caso, significa: Busco una mujer que no dé problemas a mi madre.
Una mujer con hipoteca pediría apoyo. Una con hijos, tiempo. Una con aspiraciones lo sacaría de su cómoda rutina. Eso él no lo desea.
Por qué es una trampa
Lo paradójico es que este tipo de hombres suele atraer a mujeres independientes y fuertes, acostumbradas a valerse por sí solas: Parece serio, hogareño, no es un gorrón….
Pero aquí, todo para la familia significa todo para mamá. Nunca serás la prioridad. Te dejarán entrar en el círculo, siempre y cuando no alteres las reglas ni cuestiones el control presupuestario.
Ganarás tu dinero, lo gastarás, y cada noche escucharás reproches sobre cómo planchas sus camisas.
Así que eliminé el perfil de Sergio. Bueno, lo bloqueé, para no volver a cruzármelo.
¿Vosotras os habéis encontrado con algún Sergio? ¿Creéis que estos hombres pueden tener una relación normal alguna vez, o ya tienen su destino marcado? Me encantaría saber vuestra opinión.






