Una elefanta mayor llamada Inés fue capturada en plena naturaleza cuando era apenas una cría y, desde ese momento, vivió toda su existencia sometida en cautiverio. Durante décadas, el animal pasó sus días de pie, transportando turistas, en lugar de disfrutar de una vida propia de una elefanta. Solo este año, por fin, Inés ha sido liberada y ha comenzado su recuperación.
Ha llegado la hora de que Inés reciba los cuidados que siempre debió tener y pueda descansar, comunican desde la fundación Salva al Elefante. Hemos organizado una misión de rescate para protegerla y trasladarla a nuestro refugio.
A finales de enero, trasladaron a Inés del lugar donde había estado obligada a trabajar toda su vida, y la llevaron al Parque Natural del Elefante, en las afueras de Salamanca. El estado de la elefanta era delicado: se encontraba desnutrida, sin dientes, la piel reseca y agrietada. Sin embargo, por primera vez, se siente a salvo y bajo el cuidado atento del equipo del refugio.
Según explican los trabajadores del parque, muchos elefantes que llegan suelen mostrarse desconfiados durante mucho tiempo, padecen ansiedad y apenas confían en nadie. Incluso, a algunos les cuesta tumbarse en el suelo para descansar. Por suerte, a Inés no le costó tanto. Tras ochenta años de estar siempre en pie, el agotamiento era tal que, en cuanto sintió seguridad, se recostó a descansar profundamente.
Después de su primera noche de sueño profundo, Inés ni siquiera pudo levantarse. Los cuidadores lo notaron enseguida y se apresuraron a ayudarla. Mientras la elefanta se adapta poco a poco a su nuevo entorno, recibe supervisión permanente, asegurando que el proceso se desarrolle en las mejores condiciones posibles.
A Inés le queda un largo camino para recuperarse tras todo lo sufrido. Pero, gracias a una alimentación adecuada, paseos tranquilos y baños de barro terapéuticos, su estado va mejorando cada día. Ahora, al fin, Inés disfruta de la vida que siempre mereció: una existencia tranquila y libre.





