– ¡Hola, Carlota! Perdona que te moleste, soy tu vecina del tercero.
– Ahora bajo el volumen de la música, tranquila respondió la chica vestida con un batín ligero, sosteniendo una copa de vino.
– Nada de eso, mujer, no hace falta. Es que han llamado del trabajo de mi marido, que tiene que ir urgentemente.
– ¿Ha pasado algo de salud?
– No han dicho nada, sólo que es urgente. Mi madre vive lejos y no llego a tiempo. ¿Podrías echarle un ojo a mi hijo? Tiene siete y medio. Ya podría estar solo, pero yo me quedo más tranquila si le cuidan. Con los nervios que tengo
– Por supuesto. Me pongo unos vaqueros y bajo en un minuto.
– Es tranquilo, de verdad, o está enchufado al iPad o preguntando cosas raras.
***
Sentada a la mesa de la cocina, una joven de camiseta blanca y vaqueros tomaba té y charlaba al móvil:
Esa Martínez de contabilidad es tonta de remate. Si se le nota a la legua cuando hace ojitos a don Pablo.
Entró el niño con la tablet en la mano, y de la tablet se escuchaba una discusión entre Jamie y Adam, los de Cazadores de Mitos. En la camiseta del chaval podía leerse: ¡El futuro es de los robots!
Uy, espera, te llamo luego. Estoy con un acto benéfico dijo la chica, colgando. Hola, soy tía Carlota. ¿Quieres té?
No, gracias. Yo soy Ignacio. Mi madre me ha hablado de ti. Eres guapa Aunque mi madre dice que todas las guapas están condenadas a la desgracia. Y mi padre le replica que, según su lógica, o ella es horrorosa o el matrimonio es un fracaso.
Menuda familia la tuya ¡Gracias por lo de guapa! Lo de desgraciada
¿Dónde está tu marido?
Bueno, digamos que fue a comprar pan. Hace tres años y aún no ha vuelto.
Ya ¡Te dejó plantada!
Oye, ¿tienes algo más fuerte que el té? Estas buenas charlas me dejan a cuadros
Creo que queda vino en la nevera.
Mejor el té, que estamos en plan formal.
Tía Carlota, necesitas un nuevo marido.
Me espero a que crezcas y me cases contigo. Pero a ese ritmo ¿Dónde se encuentran?
¿A quién buscas? Leí en una revista que hay que visualizar los objetivos.
Mándame el enlace, anda. Resumiendo: quiero uno rico, guapo, bueno, que me adore y me lo dé todo.
¿Y tú qué pintas ahí?
¿Cómo que qué pinto? Yo le querría, iría al spa
¿Y qué saca ese hombre contigo? Si es listo, querrá ayudante, no una cucaracha de piso
¿Dónde dices que está el vino? La chica abrió la nevera, tiró el té por el fregadero y se echó vino en la taza.
Vi un documental de esposas de millonarios. Todas alcohólicas, viven en mansiones y acaban solas.
Eso, querido Nacho, se llama soledad. ¿Brindas? Es broma.
¿Sabes con quién me voy a casar yo?
Ya te lo digo yo: ¡conmigo!
Que va. Me gusta Lucía. Vamos juntos a robótica. Lista como ella sola, más incluso que yo. Una vez, en un concurso, nuestros módulos de Bluetooth dejaron de verse. Yo me pongo en pánico, el robot no responde, y Lucía, tranquila, ¡vámonos fuera! Salimos al parque al lado, allí no hay interferencias y ¡boom! Vuelven a enlazar. Ganamos y todo, ¡mi equipo! Se la puede querer.
La chica se bebió la taza de vino de un trago y se sirvió otra.
Menuda Lucía, quitarme así un prometido Entonces, ¿me estás diciendo que busque marido en la oficina?
Los fuertes encuentran solos. Eso no se busca como los tomates en el súper.
Oye, psicólogo, no te sigo yo ese rollo.
¡Sé tú la rica, guapa y buena! ¿Está claro?
¿Y para qué iba a querer pareja entonces? Me dedicaría a viajar, aprender inglés, tomar clases de baile, hasta aprendería a hacer tacos.
¿Y qué te lo impide ahora?
Me falta un marido que pague todo.
Entonces eres, efectivamente, una cucaracha: un parásito.
Eh, menos insultos, que yo sólo quiero el pack básico de felicidad femenina.
Deja de ver tantas películas. Vas a pasarte la vida buscando un idiota que no existe, en vez de vivir.
¡Ya basta! ¡Listillo, a la cama! ¡A tu cuarto, anda!
El niño se fue y a la chica se le saltaban casi las lágrimas. Termina el vino. Suena su móvil, cuelga sin mirar. Se oye la puerta; entra la pareja, ambos con una alegría sospechosa.
Carlota, mil gracias por quedarte con Nacho canturreó la vecina.
Sin problema, me he bebido un poco de vuestro vino…
Anda, mujer, no pasa nada.
Veo que todo bien, ¿no?
¡Ay! Fue una broma de sus compañeros. Hoy es nuestro aniversario del primer beso y cuando llegué al trabajo estaba tirado en el suelo con una nota: Soy el bello durmiente ¡bésame! Luego nos fuimos al cine, como en la universidad.
Estáis compinchados para amargarme el día Me marcho antes de que me dé el bajón total.
¿Y Nacho, bien? preguntó la madre ya en la puerta.
Fatal. Muy mal. Por favor, déjame quedarme a cuidarle más veces Educar a los genios viene bien.







