Vida nueva, que acaba de empezar
Anoche, Lucía quedó con su amiga Covadonga para empezar el día haciendo footing por la mañana. Claro, están de vacaciones universitarias, y eso de madrugar les da más pereza que limpiar el baño, pero oye, había que moverse algún día.
Covadonga, ni se te ocurra dormitar, que bien te gusta remolonear en la cama hasta mediodía le decía Lucía entre risas, y Covadonga juró en arameo que esta vez no fallaba.
Lucía, que sí, de verdad, cuando hace falta soy responsable, que ya lo sabes soltó entre carcajadas, porque si alguien lleva mal la puntualidad, esa es ella.
Lucía, haciendo un esfuerzo sobrehumano, se levantó antes de tiempo. Su madre ni siquiera había salido aún a trabajar; estaba apurando el café y protestando por todo.
Mamá, ¿con quién hablas? preguntó Lucía extrañada.
Qué va, hija, conmigo misma. Mira que estreno blusa nueva y ya voy y la mancho de café…
¿Y luego me echas la bronca a mí porque no cuido mis cosas? replicó Lucía. Te podías tomar el café en la camiseta viejuna.
Voy de prisas, y ahora me toca cambiarme… Venga, no me eches limones en la herida a estas horas. Por cierto, ¿a qué viene ese madrugón hoy? decía la madre, mientras ya se quitaba la blusa manchada.
Que he quedado con Covadonga para ir a correr por el Retiro contestó Lucía sin perder la seriedad.
Venga va, que no me lo creo… Tu Covadonga seguro que está soñando que vuela ahora mismo. La madre seguía a lo suyo. Hija, hace cuánto no visitas a la abuela?
Mamá, que ayer hablamos por teléfono, si charlamos todos los días.
Ya, pero hoy deberías ir a verla, que hace tiempo que no te pasas. Le compras estas pastillas para la tensión, que me dijo que no la tiene muy fina últimamente. Y échale unos croissants y mermelada de fresa, que con sesenta y cuatro años poco capricho tiene ya. Tú sobra de tiempo, que vas de vacaciones Bueno, me voy pitando y la madre cerró la puerta tras ella.
Venga, hoy iré a ver a la abuela. Me siento como Caperucita Roja pero sin tarta de la abuela pensó Lucía, sonriente. Ay madre, ¿y ahora qué hago con la carrera?
Llamó a Covadonga, que contestó con voz de osito hibernando.
¿Sí…? ¡Ay Lucía, que me he quedado sopa! ¿Ya estás en el parque? Perdón, son las…
Tranqui, que tengo misión, me toca ir a ver a mi abuela, así que la carrera, cancelada. Tengo que desayunar, pasar por el súper y la farmacia, y luego ya cruzarme medio Madrid para ir a casa de la abuela, que vive en el quinto pino.
Perfecto, Lucía, pues yo sigo soñando contestó Covadonga, feliz por la nueva excusa, y colgó.
Mi madre tenía razón se rió Lucía. Esa Covadonga no cambia… Yo también estaría en la cama ahora si no fuese por esto.
Una hora después, Lucía salió del portal con la mochila, la cartera, la lista de la compra y hasta el paraguas, que el cielo andaba con mala cara. Tardó otra hora en plantarse en casa de su abuela Asunción. Ya era casi mediodía. Llamó al timbre y, cuando Asunción abrió, Lucía se quedó a cuadros, pensó que se había equivocado de piso.
¡Madre mía, abuela! se le escapó ¿Eres tú o te has hecho un cambiazo?
Pues sí, soy yo dijo Asunción, contentísima. ¿Tú crees que me he rejuvenecido?
Se dio una vuelta sobre sí misma, para que Lucía la mirara de arriba a abajo.
Abuela, menudo corte de pelo llevas, te queda de revista. ¿Y ese color ceniza tan moderno? Si hasta llevas las uñas hechas… Ya no sé ni si llamarte abuela soltó Lucía muerta de risa.
¿De verdad te gusta, hija?
¡Me encanta! Y mira, te he traído las pastillas que dijo mamá, croissants y mermelada de fresa.
Ay, los croissants y la mermelada están bien, pero ahora suelo evitar el dulce, así que llévatelos para ti.
¿Pero abuela, qué te ha dado? ¿No estarás enamorada? Te veo tan contenta, ¡y mamá que se preocupe…!
Gracias, hija. Que seguro tienes mil cosas que hacer No pierdas el tiempo conmigo.
Lucía alucinaba. Normalmente tenía que prepararse para pasar la tarde entera con la abuela, y ahora casi la echaba.
¿Nos tomamos un té, por lo menos?
Tengo el tiempo justo, llévate tú los croissants y la mermelada. Y mira, te dejo unas tortitas de queso en un tupper. Hoy te llevas picnic se reía Asunción.
Vale, abuela aceptó Lucía, pero esto es rarísimo. Aquí pasa algo Seguro que tu abuela se ha echado un novio, ¿no?
Bajando las escaleras, Lucía iba dándole vueltas Nunca me ha echado así. Aquí hay gato encerrado O tiene novio o se va con las amigas al teatro, al cine o al café, como siempre me cuenta.
Ya en la calle, se escondió cerca de los garajes flanqueando el bloque, por si su abuela salía. No tuvo que esperar mucho, media hora más o menos, cuando vio a Asunción salir del portal con un modelito nuevo y ponerse camino del parque.
¡Ay, abuela! A dónde vas toda arreglada… A ver si es verdad y tiene algún lío… pensaba Lucía, siguiéndola sigilosamente.
La abuela no miró ni una sola vez hacia atrás, iba a lo suyo. Cuando llegó al parque, la esperaba un hombre con canas y flores en la mano. Lucía se escondió tras unos arbustos de lilas. Asunción se acercó, él le dio el ramo y un beso en mejilla, y ella correspondió.
¡No me lo creo! ¡Menuda abuela tengo! Y yo pensando que a su edad estas cosas no pasaban. Mira cómo la lleva del brazo
Lucía agachada tras el seto, temía que volvieran por su lado, pero no; parecía que iban directos a la terraza del café a tomar algo. Los grabó de lejos con el móvil.
Ahora sí que lo entendía todo.
Abuela está enamorada. El hombre, la mar de elegante, y se ve que hacen buena pareja. Los veo felices. A ver cómo se lo cuento a mi madre… No me lo va a creer.
Pero de repente, al salir del seto, se topó con un chico que estaba también grabando a la pareja.
A ver, ¿y tú quién eres? ¿Por qué grabas a mi abuela? ¿Tienes permiso o qué?
El chico, sorprendido, se recompuso y contestó enseguida:
¿Quién? ¿Yo? Soy periodista. Bueno, puede que esté haciendo un reportaje sobre el amor en la tercera edad.
Lucía resopló.
Menudo amor, anda ya. Hoy en día hay mucho listo buscando aprovecharse de abuelas buenas y quedarse con su piso.
¿De verdad piensas así? se extrañó él.
Cien por cien segura. Y dime, ¿por qué elegiste precisamente a mi abuela para tu reportaje? Hay un montón de parejas por ahí. Además, no te permito grabarla, que eso no se puede. Que es mi abuela, y ese novio a ver si le quita el piso de dos habitaciones
El chico la miró medio indignado.
Que sepas que ese novio tiene un piso de tres habitaciones en el centro. Estoy viviendo con él ahora, porque mis padres están reformando la casa.
¿Entonces es tu abuelo?
Sí, Evaristo Martín se llama. Y lo flipo, porque desde hace un tiempo no parece el mismo. Se afeita a días alternos, se ha comprado vaqueros nuevos y hasta me pidió consejo para perfumarse. Ahí vi que pasa algo A ver si alguna interesada le quiere dejar sin techo, que hay mucha por ahí
O sea, el hombre que va de la mano con mi abuela es tu abuelo. Yo soy Lucía, ¿y tú?
Gonzalo contestó él, sonriendo. Bueno, pues ya que hemos aclarado el misterio, ¿qué, dejamos que sigan viéndose? Yo por mí, encantado.
Bueno, pues sí, mejor. Que vivan su vida y mi abuela que disfrute.
Oye, Lucía, ya que estamos, ¿te apuntas a ir al cine? Estrenan un thriller en los Ideal.
¡Venga! Me apetecería.
Pasan tres meses. Un día, Asunción llama por teléfono a su hija.
Hija, ¿está también en casa Lucía?
Sí, mamá, dime, ¿pasa algo?
Es que quiero daros una noticia. Evaristo Martín, mi amigo, me ha pedido matrimonio y he aceptado. ¡Así que preparad las felicitaciones! la madre activó el altavoz phone. Nos casamos, y estáis invitadas.
Abuela, ¡enhorabuena! Pero ¿para qué os casáis a estas alturas? ¡Si ya no vais a tener hijos!
Mira, Lucía, una cosa te digo: a mi edad se siguen las buenas costumbres. Nosotros nos tomamos las cosas en serio, no como los jóvenes que a los quince días ya se han dejado. Con Evaristo es amor verdadero.
A ver, mamá, igual Lucía tiene razón, igual no es necesario tanto papeleo. ¡Si ya vivís tan felices!
Nada de eso, hija. El mejor momento para casarse es cuando llega el amor. Y el amor no entiende de edades, que lo sabe todo el mundo. Para mí, justo ahora empieza mi vida.
Vale, mamá, entonces nada que objetar, ¡enhorabuena! Venga, nos ponemos manos a la obra para organizarlo con Lucía.
Por cierto, hija, ¿te has enterado que tu Lucía sale con Gonzalo, el nieto de Evaristo? sonreía Asunción.
Sí, sí, me lo contó, y está encantada con él. ¿A que sí, Lucía?
Claro que sí, abuela, Gonzalo es lo más, igualito que tu Evaristo se rió Lucía.
Y así, en una pequeña cafetería llena de encanto, celebraron la boda de Asunción y Evaristo, rodeados de sus familias. Todos desbordaban felicidad.







