Tras el accidente, mi hija dejó de caminar: el sueño roto de una bailarina madrileña y nuestra esperanza por un milagro

Después del accidente, mi hija dejó de caminar.

Desde los cuatro años, mi hija bailaba. Al principio probó la gimnasia, luego se enamoró del ballet. Cuando creció, soñaba con bailar en el Teatro Real de Madrid, deseando que sobre sus piernas florecieran moratones y ampollas, pues creía que entrar en cualquier concurso, o tan solo aprobar uno, merecía cualquier sacrificio.

La fortuna parecía acompañarla; a cada paso lograba más, casi todo lo que quería. Disfrutaba enseñando, evaluando y viajando a certámenes como instructora. Ágil, ambiciosa, talentosa, nunca se rendía, siempre terca en perseguir su objetivo. No solo en el baile, sino en la vida misma.

Había en su compañía de danza un jovenun tal Marcos Serranopor el que sentía una atracción especial. Él siempre recibía los papeles principales, mientras que a ella le tocaban papeles secundarios, pero consiguió llamar su atención y entre ellos nació una relación.

Marcos era atractivo, pero tenía ese aire arrogante que nunca fue de mi gusto. A veces no me agradaba la manera en que se mostraba superior, sin darse cuenta de que mi hija quedaba en una luz más tenue. No fue hasta muchos años después de la boda cuando descubriéramos cuán corrupto era en realidad.

Mi hija regresaba a casa tras el último ensayo; llevaba puestos los auriculares y flotaba entre pensamientos, y no vio cuando el semáforo cambió de verde a rojo. Según todo lo reglamentario, debían haberla dejado cruzar, pero el conductor iba a una velocidad desmedida y no frenó a tiempo.

Sentí terror de que jamás se recuperara. El corazón de mi marido se quebró al ver cuánto sufrían sus piernas.

Apenas cuatro meses después, cuando aún estaba en rehabilitación y conservaba la esperanza de volver a caminar, Marcos la abandonó. Aquello la destrozó aún más, pero yo sostuve a mi hija en todo instante y pronto la traje de vuelta a casa.

Necesita cuidados y ayuda constante. No ha pasado ni un año y seguimos esperando un milagro. No sabemos qué será de ella, ni hacia dónde quiere encaminarse, pues aún está poseída por su pasión por la danza. Juntas nos dedicamos al bordado con cuentas y cintas, y le insisto en que abra su propia tienda online de productos personalizados, para mantenerse ocupada, aunque ella parece no estar lista para renunciar a ese baile que tanto amó y empezar algo totalmente nuevo.

Espero que el apoyo de amigos, e incluso de desconocidos en internet, la anime y la impulse a seguir adelante. Siempre le repito que aquello que adoramos puede cambiar con el tiempo, como cambia el trabajo, las personas a nuestro alrededor y el mundo entero. Es sano renovarseaunque a veces son las circunstancias quienes nos obligan a ello.

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Tras el accidente, mi hija dejó de caminar: el sueño roto de una bailarina madrileña y nuestra esperanza por un milagro
Una mañana de domingo, respondí sin querer al teléfono de mi marido. Al otro lado sonó la voz de una mujer que no parecía sorprendida al escucharme.