Fuimos a visitar a mi madre: Un niño perdido, una sopa de verduras y una inesperada reunión en el portal de Madrid

Hoy fuimos a visitar a mi madre en Madrid.
Nada más entrar al portal, nos topamos con un niño de unos cinco años sollozando desconsoladamente en el descansillo.
¿Por qué lloras?
le pregunté.
Me contestó entre lágrimas:
He venido a ver a mi abuela.
Bajé al parque a jugar y, cuando volví, no me abrió la puerta.
Intenté tranquilizarle:
No te preocupes, seguro que ha bajado un momento al mercado y enseguida vuelve.
Pero el pobre seguía sin consuelo.
¿Cómo te llamas?
Se…Se llama…Alonso logró decir entre hipidos.
¿Y en qué piso vives?
En el…
dieciocho…
Los vecinos del décimo octavo eran nuevos, todavía no había tenido ocasión de cruzar palabra con ellos.
Llamé al timbre.
Nadie contestó.
No podía dejar allí al pequeño así que le invité:
Vamos, Alonso.
Eres mi invitado hasta que vuelva tu abuela.
Dejaré una nota en su puerta para que no se preocupe.
Llegamos al piso de mi madre.
Mientras mi mujer le hacía compañía, yo escribí un aviso: Alonso está en el piso 28.
Bajé a dejarlo en la puerta de la supuesta abuela y regresé.
Alonso ya jugaba a las carreras de coches con mi hijo Javier.
Todo parecía en orden.
Le lavé la cara y le pregunté:
¿Te apetece una sopa de verduras?
Sí, por favor.
Se la zampó en un suspiro.
Le ofrecí después unas albóndigas.
¿Quieres?
Asintió entusiasmado, comiéndose dos en un abrir y cerrar de ojos.
¿Prefieres compota o zumo?
Un poco de té.
Me sorprendió, porque no recuerdo que a esa edad yo eligiera té antes que algo dulce.
Nos sentamos a la mesa, tomando el té con bizcocho, mientras Alonso y mi mujer debatían sobre coches y quién era más rápido, el Renault o el SEAT.
Al poco, llegó mi madre.
Le expliqué la situación y aceptó al pequeño invitado con naturalidad.
Sacó la caja de juguetes para sumarse a la fiesta.
Una hora después, sonó el timbre.
Fui a abrir.
Allí estaba una mujer más o menos de mi edad.
Buenas tardes dijo cortésmente.
Al llegar me encontré con esta nota.
Creo que ha debido de haber algún error de piso
Ya me pareció raro que no reconociera el nombre de Alonso.
¿No ha perdido usted un nieto?
pregunté.
No tengo nietos, soy soltera respondió ella.
Eso no cuadraba.
Volví al salón.
Mi madre apilaba piezas en un camión de juguete, mi mujer ataba una cuerda al mismo y Alonso, el jefe, daba órdenes de cómo debía ir todo.
Me senté junto a él:
Alonso, ¿de dónde vienes a ver a tu abuela exactamente?
De Salamanca.
¿Sabes tu dirección?
La recitó de memoria: calle, número y portal.
Al preguntarle la de su abuela, dijo otro nombre de calle y todo encajó.
En sus juegos, se había confundido de patio y terminó en nuestro bloque, que era igual al de la abuela.
Al no responder nadie a la puerta, entró en pánico y rompió a llorar.
Le regalé un coche de juguete, le cogí en brazos y fuimos a buscar a su abuela.
Al enfilar el patio contiguo, oímos una voz angustiada:
¡Alonso!
¡Alonso!
Corrimos hacia el grito y vimos a una señora claramente preocupada, de la edad de mi madre.
¿Es su nieto?
¡Sí!
Nos abrazó aliviada.
Explicamos todo entre risas, aunque su risa era más bien nerviosa.
Para Alonso, había sido una aventura divertida y, además, salía con un coche nuevo.
Mientras su abuela nos daba mil gracias, nos marchamos antes de que las lágrimas volvieran.
Al alejarnos, escuchamos:
¡Alonso, a comer, que tendrás hambre!
Si ya he comido contestó él, haciendo rodar su nuevo coche.
Ha comido mucho, primero, segundo plato y hasta té le informé yo.
¡Qué raro!
exclamó su abuela.
Nunca conseguimos que coma sopa, apenas prueba bocado.
Yo alcé la ceja, recordando su apetito voraz en nuestra mesa.
Alonso nos saludó con su coche en alto:
¡Hasta mañana!
¡Volveré!
Al cerrar la puerta, me quedé reflexionando: cada día nos regala a todos, grandes y pequeños, nuevos motivos para sonreír y, sobre todo, para estar atentos y ser amables con los despistados de la vida.

Rate article
Add a comment

;-) :| :x :twisted: :smile: :shock: :sad: :roll: :razz: :oops: :o :mrgreen: :lol: :idea: :grin: :evil: :cry: :cool: :arrow: :???: :?: :!:

18 − 13 =

Fuimos a visitar a mi madre: Un niño perdido, una sopa de verduras y una inesperada reunión en el portal de Madrid
Me cambiaron a mi bebé en el hospital hace 8 años: me dieron a una hija que no era mía. La mía está con otra familia. Esto es lo que hice…